Schopenhauer, Lautréamont y el gnosticismo (y II)

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Por si alguien albergaba alguna duda Lautréamont también refiere en Maldoror: “He visto al Creador, estimulando su crueldad inútil, provocar incendios en los que perecían ancianos y niños”. Esta  poesía sigue uno de los postulados evidentes del romanticismo: el escapismo del mundo inmediato. Los románticos más cercanos a los modelos reformistas vieron en el  diablo a un revolucionario que se enfrentaba a un Dios autoritario, creador del mundo. En cierta medida en obras como Caín de Lord Byron se desarrolla una cierta aproximación  a la figura del mal  y, en general, se revisa, desacertadamente a mi entender, las funciones de los personajes peor vistos del Antiguo y el Nuevo Testamento.

Los gnósticos coinciden con Lautréamont, como hemos dicho, en la idea dun dios creador pero, al tiempo, una divinidad menor, un dios de inferior rango, para algunos grupos casi un ente demoníaco, originador de un mundo monstruoso, donde triunfa la ignorancia y la maldad. La conclusión es evidente: se promueve la desvinculación con el mundo, con la carne, se plantea que la salvación vendrá desde el conocimiento “gnosis” y se niega el concepto del cristianismo ortodoxo, por aquel entonces sólo era una de las muchas bifurcaciones de la religión cristiana,  que pretende la llegada del Reino de los Cielos a este mundo.  Algo absoutamente impensable desde las formulaciones gnósticos, que buscaban la sublimación de esta forma de existencia (¿quizá de forma semejante a la huida de la rueda de la existencia oriental?) desde la interiorización.  Tal juicio les llevó a comportarse con cierto desapego por lo mundano, a buscar la “gnosis” como liberación y a comportamientos ascéticos.

En esto coinciden de pleno con Schopenhauer quien reniega del mundo o, como él lo llama, de  “el principio demoníaco del mundo”. Citamos ahora al filósofo, en versión de  Luis Fernando Moreno:” Toda vida es sufrimiento, el egoísmo y el afán de afirmación de cada ser vivo, en pugna con los intereses de los demás, convierten el mundo en un infierno. Lo mejor sería no vivir y que la existencia no hubiera sido nunca, ya que tan irremediable es su carácter miserable. Este mundo es “el peor de los mundos posibles”, y la obra de un demonio. Al ser humano le quedan dos opciones ser o dejar de ser”. Y establece, también, como propósito de la existencia el conocimiento.

Tanto los gnósticos como Schopenhauer reiteran la manifestación de Sócrates, es decir, el “Conócete a ti mismo” del oráculo de Delfos.

Vaya a modo de aclaración final que durante el tiempo del cristianismo primitivo  se constituyeron diversos grupos gnósticos, con sus diversas peculiaridades, por lo tanto a lo largo del artículo nos hemos referido a ellos en un sentido general, sin entrar en derivaciones.

Aunque este sector fue barrido, como otras formas de entender el mensaje cristiano, por un grupo triunfante, resulta clara su influencia, o, al menos, la de algunas de sus reflexiones o de sus “visiones”, tanto en el romanticismo como en Schopenhauer, así como en otros conceptos de la llamada modernidad.

Más allá de la discusión sobre la bondad o ignorancia del Creador del mundo, de la perversión o no de la vida y la existencia, me interesa la comprensión de la vida como búsqueda de la sabiduría propia de este, numeroso en su tiempo, grupo cristiano. Es cierto que para los gnósticos el “conocimiento” se forjaba en un recorrido paralelo a la lectura simbólica de las escrituras sagradas, no sólo de las que aparecen en nuestro Nuevo Testamento, sino también de algunos textos que fueron expurgados y que se intentó borrar de la faz de la tierra. (Aunque por fortuna no fue así no hemos conocido sus textos hasta bien entrado el siglo xx.) 

Por encima de las discusiones teológicas particulares, ¡conocimiento!. De pensamiento, palabra y obra.

 

07/03/2006 18:42 Raúl Herrero Enlace permanente. sin tema

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