La identidad

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(Peter Sellers en la imagen contigua)

 
Los heterónimos, las recreaciones, los seudónimos, las personalidades falseadas, las  ficticias y las fingidas. “El poeta es un fingidor”, escribió Pessoa. (Por cierto, siempre me pareció que esa frase encerraba una burla, una broma personal. Nunca la he interpretado literalmente porque de esa forma me parece una banalidad impropia de un gran poeta. Quizá el poeta sea el único que no finge.)

 

Robert Zimmerman decidió llamarse Bob Dylan por su identificación con el poeta Dylan Thomas. Desde entonces se inició en juegos entre la persona y el personaje. Sam Shepard  relata en su libro Rolling Thunder cómo Bob Dylan se presentó en un concierto con una máscara de sí mismo sobre la faz. La audiencia reaccionó con sorpresa. Algunos espectadores suponían que se trataba de un impostor, otros de una burla. Según parece Dylan se arrancó la careta de goma al comprobar que no podía tocar la armónica con semejante “cuero” sobre el rostro. En el mismo libro se describe una conversación entre Joan Baez y Dylan. Ella le reprochaba que hubiera mentido en cierta ocasión, a lo que él replica "era otro el que mentía, ese Zimmerman", es decir, la persona a la que hace referencia su nombre auténtico.

 

Mi admirado actor Peter Sellers, en mi opinión superior, en ciertos aspectos, al propio Sir Laurence Olivier, alegó que si alguien le pidiera que se interpretara a sí mismo no sabría qué hacer. Se ha escrito mucho sobre sus problemas de personalidad, sus indecisiones, su capacidad para asumir los personajes hasta consumirse en un completo desorden sobre sí mismo.

 

Peter Sellers, además de otros muchos méritos, posee el de pronunciar en la magnífica  película Being There (1979),  una de las mejores frases de la historia del cine: “Life is a state of mind”. Aunque es de justicia reconocer la paternidad de la cita a Jerzy Kosinki,  autor  de la novela de la que nació la película.

 

Por su interpretación en este film Sellers fue nominado a un  oscar. Por supuesto, no lo consiguió. Con frecuencia en los  premios los mejores se quedan en la categoría de “nominados”.

Peter Sellers se presenta en las biografías como un personaje errático y confuso. La confesión respecto a su personalidad se nos antoja  inquietante, sin embargo las confusiones que propicia  Dylan rozan la perversión. Por otro lado ambas posturas me satisfacen, puesto que me sugieren un ataque al culto a la identidad y al “yo” propio de nuestros días.

 

A veces conmueven, por lo vergonzante, los discursos de personajes siniestros sobre la identidad, ya sea  nacional o grupal, de la que ellos se consideran portavoces. Supongo que esa necesidad de afirmación desmedida dentro de unos límites geográficos o humanos poseerá pronto, si no existe ya, una definición específica en el campo de las enfermedades mentales. Creo que en algunos casos alguien la ha denominado nacionalismo. "Nacionalismos sin fronteras", afirma Fernando Arrabal.

 

No comprendo porque alguien desea limitar su identidad alegando cuestiones físicas, locales  o sus preferencias en cualquier materia. Poseo, por otro lado, cierta inclinación a recelar de los animadores de certezas que precisan de la negación del otro para defender su “identidad”.

 

Considero, desde luego, más sanos los desplantes de Bob Dylan o Peter Sellers. En lo que a mí respecta mi identidad está compuesta de miles de sustancias, de miles de resquicios a los que no suelo prestar demasiada atención. Por el contrario disecciono con precisión de etnólogo los detalles de mis admirados Sellers, Dylan, San Agustín o Fernando Arrabal.

 

 

 

28/04/2006 20:20 Raúl Herrero Enlace permanente. sin tema

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