Manzanazos de pasión

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(En la fotografía superior  Fernando Arrabal [durante la presentación de su ópera (música de  Mario Salis)] con la virgen enmascarada y el cuerpo desnudo cubierto de pintura y
versos. Foto: Philip Meersman, poeta flamenco.)

Con frecuencia algunas personas por defecto de forma, por carestía de tiempo, por pasión, orgullo o indigencia afirman que no leen en absoluto. Ante tal provocación suele responder mi amigo Hermenegildo de Andrade con la siguiente máxima: “Mientras se conserve un instante para comer se tiene tiempo para leer.” Y, en este caso, mi sabio amigo se equivoca. Porque en la actualidad incluso el tiempo para alimentarse escasea. De ahí, sin duda, el engullir sistemático de alimento con el fin de  provocar la intemperancia en el cuerpo y en el espíritu. Los sabios de la productividad pronto nos alimentarán como a gansos de requesón. ¿Y también nos abrirán las tripas?

Todavía algunos se ruborizan cuando insinúan que apenas leen. Por el contrario otros se jactan de ello como si se tratara de una hazaña.

En mi opinión fueron mejores tiempos los que vinculaban, en cierto modo, la lectura con un vicio. Los maestros se preocupaban cuando un alumno leía demasiado y, por ello, abandonaba, hasta cierto punto, sus estudios. En la actualidad sucede algo semejante con la imaginación.

El estudio y la lectura discrepan. En mi caso siempre he preferido la segunda. Aunque a un individuo que se dedique a la lectura de frugalidades le recomiendo invierta sus esfuerzos en la instrucción.

El lector disfruta y goza cual virgen santa, mártir y llevada a la levitación por cien mil placeres confesables e inmateriales.

El estudioso cultiva la memoria, el arte de la memoria, con el propósito de "cumplir con el placer" para parir.

La lectura es el amor loco y el estudio la contemplación activa.

Por tal motivo, en estos tiempos incluso los prelados con fragante formación reconocen que apenas leen.

¿Alguien se privaría de transitar calles nuevas, de visitar otras ciudades, de acometer gestas y emprender lo inesperado, de endulzar el cráneo entre los senos del misterio? Pues a esas privaciones se someten los que evitan la complacencia en la lectura

Leer es conocer, conocer se transforma , tras aliarase con la inteligencia, en comprender y todos, hilados por la vida, desembocan en la sabiduría. Y la sabiduría evita el dolor, puesto que nos conduce a renunciar y poseer sin padecer. Y a "ser quien se es en todo momento y lugar" sin ocultación.

El estudio aporta la herramienta que, sin materia prima, se doblega a los caprichos de unos y de otros.

Aquellos lectores que repasaran la colaboración de Fernando Arrabal en El mundo, del pasado domingo, se encontraron con varios panegíricos en torno a la Virgen. Entre ellos Arrabal situó el siguiente extraído de una de mis cartas electrónicas: “En plena fiesta de la Virgen del Pilar bailaré un chotis con la propia Virgen, que no con la virgen propia”: Raúl, poeta zaragozano e innombrable.

Arrabal es uno de los seres más generosos que he conocido y que, a juzgar por lo visto, conoceré. (Conocer y creer, afirmaba el poeta Antonio Fernández Molina) En la primera conferencia de Arrabal a la que asistí el autor exclamó: “Yo me drogo con generosidad”. En el transcurso de la divagación Borges también eclosionó. Por descontado Arrabal , como Borges, es un gran lector, de ahí uno de sus rasgos más formidables de generosidad. Aunque fue el escritor argentino quien afirmó “me enorgullezco más de los libros que he leído que de los que he escrito”.

Claro, sólo un mentecato diría lo contrario. Bueno, acaso Dios sí pudiera manifestarlo. Pero el lenguaje de la divinidad no resulta claro para todos.

Para solucionar el problema las diversas tradiciones han creado ciertas disciplinas. Entre ellas se cuenta la cábala. Y precisamente el próximo viernes 20 de octubre me encontraré “encabalado”, junto a Mireia Valls y el libro que escribió con Federico González, Presencia viva de la Cábala,  en El Corte Inglés de Zaragoza. Posteriormente, el 27 de octubre, repetiremos gesta en La casa del Libro de Barcelona. En ambos casos a las 19:30 horas.

Los cabalistas leían y buscaban la divinidad en el nombre de  Dios. Aunque ya Ramón Llull  escribió que a Dios sólo su nombre lo contenía plenamente.

  

 

17/10/2006 13:07 Raúl Herrero Enlace permanente. sin tema

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