Motivos de tristeza, (III)

(Esta sección la componen un numero indeterminado de relatos breves que tienen en común el siguiente final: “...era motivo de tristeza.” Espero que a mis impávidos lectores les divierta tanto como a un servidor.)
Cipriano Dosantos se sometió a una operación delicada. Los médicos, tras su recuperación, le entregaron como recuerdo su próstata maltrecha. Al principio Cipriano pensó en deshacerse de ella, pero, tras recapacitar, decidió conservarla como muestra de su inusitada valentía durante la intervención. (Se llegaron a escuchar en el quirófano bravos y “olés” que provenían del envalentonado paciente.) La próstata, que flotaba en un líquido de olor penetrante dentro de un tarro de cristal, ocupó un lugar privilegiado en la repisa de la chimenea del salón. Durante las tardes de invierno Cipriano se sentaba al calor y la luz de unos leños con su batín de flores y una copa generosa de coñac, mientras escudriñaba las formas caprichosas de la víscera. La próstata, ya sea por el cariño de su propietario, el calor o por cualquier otro motivo, comenzó a crecer de manera inusitada. Cipriano se enorgullecía de ella, la mostraba a las visitas y, de cuando en cuando, la sacaba de su encierro para exhibirla en todo su esplendor. Con el tiempo se fraguó un cariño entre el hombre y la próstata que les llevó a compartir lecho. Cipriano, según se rumoreaba, dormía abrazado al cristal del frasco que contenía su extirpado órgano. Ambos, hombre y próstata, como un matrimonio entrado en años, comentaban las noticias de la televisión durante las comidas y jugaban al ajedrez las jornadas vespertinas del sábado. La próstata alcanzó tal tamaño que Cipriano la liberó de su encierro de manera definitiva. El primer día de completa libertad ella dio sus primeros pasos. Y así vivían Cipriano y su próstata. Sin embargo, aunque ella ya pronunciaba sus primeras palabras desde hacía algunos meses, se negaba a dirigir a Cipriano el apelativo de “Papá” y, claro está, aquello, para el sufrido hombre, era motivo de tristeza.


