Motivos de tristeza, (VII)

(Esta sección la componen un numero indeterminado de relatos breves que tienen en común el siguiente enunciado: “...era motivo de tristeza”. Espero que mis impávidos lectores se diviertan tanto con estos textos como un servidor.)
(En la imagen superior aparición del Sagrado Corazón.)
Cipriano Gómez veía a Dios todos los días. La manifestación encarnada de la divinidad le acompañaba cuando realizaba la compra, a la hora de dormir la siesta, mientras jugaba al fútbol o se marchaba con los amigos a conmemorar toda suerte de festejos del santoral.... Durante los primeros meses sus familiares y amigos desconfiaban de la afirmación de Cipriano ante cualquier contrariedad: “No os preocupéis, Dios está conmigo”. Pero la persistencia de Cipriano acabó por apaciguar a los cercanos y, al final, nadie se inmutaban cuando éste se apartaba de la conversación general para aclararle a Dios algunos detalles sobre ciertos temas introducidos en el debate. A pesar de la conformidad del entorno, la esposa e hijos de Cipriano insistieron en que se sometiera a un chequeo. Al cabo de unas semanas el médico, con uniforme de campaña, muy serio y compungido, aclaró a su paciente que, a la luz de las pruebas, alojaba un tumor en el lóbulo frontal del cerebro. Aunque Dios le desaconsejó la operación, el enfermo se puso en manos de los cirujanos para evitarse la insufrible terquedad de los familiares. La intervención fue diagnosticada como un éxito apoteósico. Cipriano se recuperó enseguida, aunque no percibió ni mejoría ni empeoramiento en su estado físico. Dios desapareció de su vida diaria, pero de inmediato fue sustituido por la Santísima Virgen. La manifestación de este cambio sustancial en la vida de Cipriano, fue, para sus amigos y familiares, motivo de tristeza, por la envidia que, claro está, suscitaba en los demás tal insigne gracia.
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Autor: El ojo que te ve, Claudio
Fecha: 02/03/2007 12:29.


