Motivos de tristeza, (XVI)

(En la imagen superior máscara Vida-Muerte ritual de México -hallada en la aldea Tlatilco- utilizada por Bonifacio para asistir al cine)
Bonifacio coleccionaba máscaras de todo tipo: grotescas de látex que reproducen caricaturas de políticos y otras celebridades, funerarias o mortuorias mexicanas y chinas, rostros de dioses procedentes de rituales amerindios, etc. El buen hombre destinaba un modelo para cada actividad de su vida cotidiana. Por ejemplo, el mercado lo visitaba, sobre todo para pertrecharse de mandarinas y patatas, que constituían su base alimenticia, con el rostro de un conocido torero. En cambio lucía una máscara africana durante sus visitas nocturnas a los bares de moda. El uso de estas prendas no se reducía a las actividades públicas, sino que también las portaba en la intimidad. Por ejemplo se duchaba siempre con una máscara antigas. Por otra parte en comuniones, bodas y bautizos empleaba su rostro de gala, una faz de origen maya. Los paseos dominicales, sobre todo en verano, los realizaba con un acartonado rostro de Popeye. Por desgracia, una de esas mañanas estalló una virulenta tormenta de verano. Popeye se deshizo en las manos al pobre Bonifacio, mientras procuraba que esa exquisita pieza de su colección no se deteriorara. Al fin el rostro de Bonifacio quedó al descubierto revelando unos rasgos hermosos y angelicales que atemorizaron a los viandantes. Aquella demostración pública fue, para Bonifacio, claro está, motivo de tristeza.

