Motivos de tristeza, (XVIII)

El abuelo de Riquelme murió ahogado mientras practicaba submarinismo en la piscina municipal. El joven e imberbe muchacho adquirió en un rastrillo un triciclo de segunda mano para mitigar la depresión que le produjo tamaña pérdida. En una posición comprometida y ridícula, por el tamaño del vehículo en relación con el conductor, inició el nieto un peregrinaje por todas las piscinas municipales de la población, mientras cantaba a voz en grito la canción Brasil en chino mandarín. Aquel extraño ritual pretendía homenajear al difunto, emigrante en el país oriental durante su juventud. Riquelme recordaba, con una emoción que le desataba el vientre y le sumía en violentos ataques de diarrea, la narración mil veces repetida por su abuelo de cómo conoció a su abuela, oriunda de Albacete, durante una fiesta maoísta donde se interpretaba la referida canción. Riquelme, influido por estas vivencias familiares, se inclinó por la lectura de Confucio de manera compulsiva. Así pronto Riquelme vagó por los vertederos de la ciudad montado en su triciclo mientras releía al filósofo chino. Por fortuna para la humanidad el joven, tal vez por un descuido originado por la furia lectora, se despeñó con su triciclo por un acantilado. A pesar de todo para la tortuga Rogelia la pérdida de su amante fue motivo de tristeza.


