Motivos de tristeza, (XXVIII)

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Anacleto se convirtió en ejemplo de castidad y continencia tras la lectura del piadoso libelo que narraba la conversión al cristianismo de Claudia Procula, esposa de Pilatos, texto muy estimado entre los primeros cristianos. El piadoso abandonó todo contacto con su esposa, siguiendo el ejemplo de la catequizada Claudia quien, en la obra referida, se niega a ayuntarse con su marido como demostración extrema de pureza y rigor. Entre tanto, la esposa, incapaz de discernir los motivos aducidos por el catecúmeno, tentaba todas las noches al abstinente Anacleto con posturas procaces y voces promiscuas. Sin embargo, el casto permanecía firme en sus aspiraciones, mientras se acariciaba con intemperancia el cilicio que le rodeaba el muslo. Transcurridos unos meses Anacleto comenzó a experimentar visiones sorprendentes en las que aparecían diversos santos, ángeles y arcángeles, según él como recompensa a su constante dedicación. Mientras el virtuoso alcanzaba, a su parecer, inesperadas cotas de santidad, su esposa decrecía, se ajaba y perdía la color al tiempo que la estatura. Así, la señora, para evitar que su marido la aplastara, se traslado al interior de una botella, donde se acomodó con algunos muebles que le fabricó Anacleto, siempre tenido por persona muy capaz entre sus amistades, para conceder a la desmedida una cierta dignidad. Una noche Anacleto, mientras bañaba a su esposa en un dedal, sintió la quemazón de ciertas aspiraciones lujuriosas mientras su dedo índice cubría la desnudez de la consorte. Este instante de ruina, que le llevó a la pérdida de sus facultades visionarias, fue, para el cuasisanto, motivo de tristeza y duelo.

30/07/2007 19:02 Autor: Raúl Herrero. Enlace permanente. Tema: Motivos de tristeza.

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