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La pintura (Félez) y la poesía (Martín Marcos) en danza

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(En la imagen superior pintura de Fernando S. M. Félez.) 

El pasado 7 de octubre se inauguró la muestra retrospectiva del pintor Fernando S. M. Félez en la sala de Torreón Fortea de Zaragoza. A las 12 en punto, con esa donosura meridional de los domingos en ramos, se acercaron hasta la exposición amigos, admiradores y curiosos. Rafael Ordoñez nos aguardaba a las puertas de la sala y, por extensión, del departamento de cultura del ayuntamiento donde se encuentra emplazada. Viramos por la muestra cual peces en un acuario.

Los amigos no se hicieron esperar. Llegaron Luis y Mariano Berdusán (éste último traductor de Hölderlin); Carmen, la asistente de Arrabal durante el estreno de El Arquitecto y el Emperador en Barcelona, acompañada de su madre; María José, amante del arte y de los arenques con una exposición en ciernes; Eusebio, el fotógrafo meridional y heliocéntrico; José Antonio Conde, exiliado poeta y domador de fieras, con su hijo; Pedro y Beatriz, recolectores de símbolos; el amigo y crítico Alejandro J. Ratia y el joven poeta de ochenta y tantos años Mariano Esquillor y además de ciertos desconocidos enigmáticos.

“Me han relatado algunos detalles sobre su vida y es usted un héroe”, afirmó el pintor Félez cuando conoció a Esquillor. El poeta sonrió y dijo que no era para tanto. Sin duda, Félez se refería, entre otras cosas, a la perseverancia y constancia que ha demostrado Esquillor en las labores poéticas a pesar de atropellos, dificultades y algunos tropezones, tanto en lo literario como en lo vida. Nuestro poeta se aproximó a Pedro y le preguntó: ¿Aquí servirán tequila?

Fernando S. M. Félez conversó con Alejandro Ratia sobre sus influencias, su pasión por la pintura simbolista y por algunos aspectos de la surrealista. “Magritte mantiene algunos detalles románticos en su pintura, sin embargo otros como Delvaux o Matta se manifiestan más afilados”, añadió Félez.

“En sus cuadros encuentro auténticas alegorías. Sin duda sus obras me inspirarán un poema”, comentó Conde al pintor. Félez sonreía, se fotografía con varios de los presentes en la muestra y no dudó en comentar algunos de sus lienzos.

Una cabina en mitad del desierto, un músico que interpreta una partitura en la soledad de una duna, “El David” de Miguel Ángel de vacaciones por París, mujeres desnudas en entornos crepusculares, fuentes neoclásicas invadidas por bidones de gasolina, el amor imposible de una sirena y un hombre con cabeza de pez…

Mientras se sucedían las pinturas y los invitados imaginaba un suelo formado por pastillas de jabón. ¡Qué rápidos nos moveríamos de un extremo a otro de la sala!

Un hombre, con un cachirulo sobre los hombros, no sé si por el entusiasmo que le procuraban las fiestas o porque, a falta de una rebeca, se cubría los hombros de las corrientes de aire, mencionaba escandalizado:” ¡Qué pocos pintores de Zaragoza han venido a la inauguración!” Este mismo hombre con la lengua algo trabada repetía a Félez: “Me ha gustado mucho, mucho. Yo abandoné la escuela de bellas artes, ¿sabe?”

Pasados los días y se aproximó a Zaragoza, desde su pueblo de Burgos, nuestro amigo el poeta y leñador Martín Marcos. Nos encontramos en las terrazas sobre las que se abalanzan los turistas y los autóctonos embriagados por la fiesta y también por el alcohol. En una de nuestras sesiones Félez nos cuenta la historia de un imbatible jugador de ajedrez que, a menudo, se enfrentaba con Fernando Arrabal en el París de los años cincuenta. Este hombre, con figura propia de El Greco, decidió romper con su amante, una arquitecta. Al parecer esta mujer aceptó el desplante a cambio de una última noche. Una vez en casa ella emborrachó al seductor y, cuando se aseguró que dormía, le quitó las llaves de su apartamento. Tras introducirse furtivamente en la casa, la mujer despechada asesinó a golpe de martillo a la esposa y la hija de su amante. Aquella historia nos transfiguró.

En mis diarios de Jünger leo que, tras la muerte de su hijo en el frente de Italia, el escritor se adentró en la habitación de su primogénito. Allí Ernst Jünger en un cuaderno de su hijo leyó: “El que más lejos llega es el que no sabe adónde va”.

Martín visita en la Casa de Amparo al poeta Mariano Esquillor. Durante la conversación tratan del soneto, de la décima y de sus metros favoritos. También reluce la presencia de Juan Ramón Jiménez. Al final Esquillor recomienda a Martín que busque su propio camino, que se aleje de los poetas a los que admira.

Con Martin Marcos, Félez y María José recorremos los estanques, las estanterías y las porterías de la ciudad. Mi amigo Martín lamenta que tenga que regresar a Burgos a su vida cotidiana. Félez aguarda que se recupere su esposa de un percance para regresar a su casa en el Ampurdán y seguir con su frenético trabajo.

Antes de despedirnos conversamos sobre temas fundamentales: el principio de entropía, el idealismo, los chinos y los hermanos Marx.

 

Exposición Fernando S.M. Félez

Lugar:
Torreón Fortea (Zaragoza)
Horario:
Laborables de 10 a 14 y de 17 a 21h. Festivos de 10 a 14h. Lunes cerrado.
Fecha:
Del 6 de octubre al 25 de noviembre de 2007

15/10/2007 11:52 Raúl Herrero Enlace permanente. sin tema

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gravatar.comAutor: Conchi

Hola:

Escribo para pedir un favor: para ayudar a un señor mayor a responder ciertas preguntas para un concurso necesitaría saber el pseudónimo del poeta Martín Marcos. Por favor, ¿me lo pueden decir?

Gracias de antemano y un saludo.

Conchi.

Fecha: 20/10/2007 10:02.


Autor: Raúl Herrero

Apreciada Conchi: El poeta Martín Marcos no tiene pseudónimo. Firma con su nombre auténtico. Gracias por entrar en mi blog y saludos.

Fecha: 20/10/2007 12:46.


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