Motivos de tristeza, (XXXIX)

20071019100302-bom04612.jpg

 

 (En la imagen superior Minerva y el Centauro de Botticelli.)

Me aferraba con pujanza a las crines del Centauro. Llevábamos toda la noche en camino y el cansancio se traslucía en nuestros ojos. El centauro a veces me decía:”Las huellas sólo se generan si existe un sendero”. A nuestro encuentro salían algunos hombrecillos que nos agredían con piedras y lanzas. El Centauro, mientras disparaba sus flechas, manifestaba: “Nos asaltan porque nos temen. Nos temen porque nos envidian. Nos envidian por lo insignificante de su tamaño.”. El Centauro no se refería a la estatura, sino a la altura de aquellas mentes amparadas por el rencor y la envidia. Cuando alcanzamos nuestro destino descendí del lomo de mi amigo. Entonces comprendí que el Centauro exhalaba su último suspiro. Me pregunté si el triunfo justificaba la muerte a manos de la mediocridad. La contemplación del cadáver asaeteado del Centauro fue, para mí, motivo de tristeza.

19/10/2007 10:03

Comentarios » Ir a formulario

No hay comentarios

Añadir un comentario




No será mostrado.