Motivos de tristeza, (XL)

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(En la imagen superior busto del filósofo Antístenes. Taller Cavaceppi. Finales s. XVIII. Yeso)

Mientras el filósofo se arropaba con libros alguien escribió la palabra ”elitista” delante de su casa. El filósofo leía, separaba la pátina de la arenilla y repartía por las estanterías de su casa los conceptos que brotaban de su saliva, de las heridas dolorosas abiertas en su pecho y en su cabeza. Entre tanto la turba comía paella en platos de plástico mientras paseaba por el paseo marítimo; los niños se colocaban cucuruchos de helado sobre la cabeza y se bañaban con las tripas abiertas para refrescarse más y mejor; las mujeres recitaban una y otra vez la palabra “glosopeda”. El filósofo descubrió que la realidad se formaba con el espíritu de la apariencia y que el pensamiento se acunaba en la indeterminación, que no en la relatividad. Los peripuestos y encopetados ciudadanos, como vándalos inspirados por el orgullo y la ignorancia, se calzaban con cuadros, se comían el papel de los libros en las ensaladas, se llenaban la boca con los excrementos del arte: a los que algunos atribuían el adjetivo “popular” y otros la categoría “modernidad”. El filósofo se asomó a la ventana y descubrió que los asaltantes no conformaban un grupo determinado, ni siquiera se circunscribían a la majada de un partido. Y el hallazgo de la uniformidad en la estupidez fue, para el filósofo, motivo de tristeza.


26/10/2007 09:15 Autor: Raúl Herrero. Enlace permanente. Tema: Motivos de tristeza.

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