Motivos de tristeza, (XLII)

El profesor golpeaba con la palmeta a sus alumnos en las nalgas. A cambio de tales atributos unos lloraban desconsolados, otros se arrancaban el cabello a puñados, otros se ensangrentaban las rodillas al magullarse contra el suelo mientras solicitaban del educador clemencia, fraternidad y formalidad. “A cachiporrazos os enseñaré la materia”, repetía una y otra vez ese ejemplo de educador furibundo. Y, en efecto, con todos los alumnos lisiados el profesor pronunció la grave sentencia: “A pesar de estas pruebas vitales y dolorosas la solidez de la materia sólo es aparente”. Para los alumnos fue motivo de tristeza el comprobar que habían sufrido sin razón alguna. Por tanto, tras unos segundos de reflexión, los niños lanzaron al profesor por la ventana. ¿Acaso la muerte no constituirá también una apariencia?, se preguntaron los meditabundos infantes.
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Autor: IHB
Fecha: 08/11/2007 12:46.

