Motivos de tristeza, (XLIII)

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El físico anotaba la longitud, altura y profundidad de las mesas, las puertas, los peldaños de las escaleras, los aparadores, los armarios y los televisores. Obsesionado por la obtención de pesos, medidas y tamaños se internó en la búsqueda de la menor unidad de  la materia. Para lograr su  propósito se sirvió de la tecnología, de pequeños telescopios y de gigantes microscopios que acercaban las distancias y se navegaban por las partículas elementales. Por aquel entonces el físico ya no empleaba el metro de madera que había heredado de su padre, sastre de profesión. En su constante obsesión por medir, calcular y dibujar las proporciones se inmiscuyó en los corpúsculos de la luz. Entonces comprobó que apenas se situaba sobre el objeto contemplado lo alteraba, es decir, siempre alteraba el resultado de sus observaciones. Por tanto cualquier medida recaía en lo improbable y quedaba lejos de cualquier atisbo de certeza.  Aquel hallazgo supuso para el enconado registrador una ruptura con su afición, lo que  fue, para el físico, motivo de tristeza.

13/11/2007 09:28

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