Motivos de tristeza, (XLIV)

El soldado recorría las montañas y los mares con una rapidez inusitada. Desde que empleaba patines para desplazarse todo camino le parecía corto. De este modo, el soldado apenas disponía de tiempo para enfrentarse a sus enemigos. Cuando le parecía distinguir algún uniforme de sus oponentes disparaba casi por compromiso y a toda velocidad. Algunos, que ya le conocían de otros encuentros, le saludaban con la mano y ni siquiera se molestaban en atacarle. El soldado agradecía ese gesto de compañerismo por parte de sus adversarios y lo celebraba lanzándoles el refrigerio que guardaba en su mochila de campaña. Por desgracia, este grácil hombre en un descuido se introdujo en una ciénaga. “La velocidad no me sirvió de nada”, suspiró mientras le engullían las arenas movedizas. Los patines flotando eternamente sobre el agua, como los hijos gemelos del soldado, fueron, para quienes conocían esta historia, motivo de tristeza.


