Motivos de tristeza, (XLV)

El cazador entonaba la siguiente canción cuando recorría los campos: “Lobito, lobito, ¿do guardas tu hato?”. Por algún motivo ignoto el muchacho estaba convencido de la eficacia de este sistema para asegurarse la presencia de la temida y ansiada presa. Aunque jamás consiguió abatir a un lobo con este método, el cazador, en cambio, perfeccionó las dotes vocales. Pronto este imberbe joven se hizo popular en todo el condado por el timbre de su voz. Hasta tal punto llegó su fama que muchas personas caminaban centenares de kilómetros con el único fin de escucharle las serenatas. El intrépido cantante, aconsejado por un vecino, decidió probar suerte en el terreno de la canción lírica. Tras su debut como galán en una zarzuela logró una exagerada popularidad. Con el tiempo mejoró su técnica vocal y llegó a presentar “Aída” en “La Scala di Milano”. A pesar de su éxito como cantante el muchacho se entristecía si recordaba su fracasó como cazador. Por ese motivo, una tarde se presentó con una escopeta en el teatro y disparó contra toda persona que se le puso a tiro. Aquel infortunado accidente fue motivo de tristeza para los admiradores del intérprete, en especial, para los que murieron víctimas de un arrebato tan indisciplinado.
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Autor: Rubén
Fecha: 30/11/2007 00:30.

