Motivos de tristeza, (XLVII)

El ideólogo advirtió a las masas: “Creedme con los ojos cerrados, confiadme vuestras manos y vuestros alientos, tened fe y penetraréis en el edén”. (El payaso de los bombachos comía moscas con una voracidad infrecuente.) Algunos ciudadanos se concentraban tanto en las palabras de su líder que los ojos se les desprendían de las cuencas, otros sufrían inflamaciones cutáneas, los menos comprometidos defecaban en los pantalones mientras sonreían con los labios de un ruibarbo. (El jefe de pista perseguía a los pequeños monos con la aviesa intención de devorarlos auspiciado por la misericordia y la caridad.) De pronto, el niño sugirió: “Señor ideólogo, antes diferenciaba los árboles, los perros, las cenizas y las montañas. Desde que sigo sus consejos, sin embargo, sólo le distingo a usted. El resto de las cosas, los animales, las personas y los objetos se han borrado por completo”. Entonces el ideólogo replicó: “La felicidad pasa exclusivamente por mis palabras multicolores y magníficas”. (La mujer araña devoraba a sus hijos mientras recitaba los salmos al revés, es decir, del final al principio.) La constatación de la mentira fue para el niño motivo de tristeza.


