Motivos de tristeza, (XLVIII)

(En la imagen el Martirio de San Bartolomé de Francisco Camillo.)
El descuartizador les acariciaba el lomo, les agasajaba con golosinas, les mostraba donde vivía, un sótano infectado por alimañas y humedades, que presentaba como si fuera un vergel. Cuando los animales parecían satisfechos y confiados, el descuartizador les pedía que se dejaran matar. Entonces, las víctimas se resistían y el embaucador aludía a las caricias que les había prodigado, al dulce que les había ofrecido para facilitarles la vida y a lo agradecidos que todos debían estarle por haberles permitido descansar en el sótano. Si, a pesar de los argumentos, los animales se resistían, el descuartizador insistía: “¿Me negáis la primera y única merced que suplico en mi vida?” Entonces los animales asentían y se tumbaban en el suelo boca arriba. El descuartizador estiraba tendones, apartaba extremidades y cortaba en pedazos los cuerpo sin el menor detalle de crueldad, ni de misericordia. ¿Por qué para ese verdugo vocacional una ejecución no era motivo de tristeza?
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Autor: IHB
Bendita pieza de breve troceada a la manera zen. Abrazos y bon any!
Fecha: 29/12/2007 20:49.
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Autor: Musa Rella
Excelente descripción del habitat humano. Taxonomía poética del hombre y sus contradicciones.
Abrazos
Abrazos
Fecha: 02/01/2008 17:39.


