Motivos de tristeza, (XLVIII)

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(En la imagen el Martirio de San Bartolomé de Francisco Camillo.)
 
 
El descuartizador les acariciaba el lomo, les agasajaba con golosinas, les mostraba donde vivía, un sótano infectado por alimañas y humedades, que presentaba como si fuera un vergel. Cuando los animales parecían satisfechos y confiados, el descuartizador les pedía que se dejaran matar. Entonces, las víctimas se resistían y el embaucador aludía a las caricias que les había prodigado, al dulce que les había ofrecido para facilitarles la vida y a lo agradecidos que todos debían estarle por haberles permitido descansar en el sótano. Si, a pesar de los argumentos, los animales se resistían, el descuartizador insistía: “¿Me negáis la primera y única merced que suplico en mi vida?” Entonces los animales asentían y se tumbaban en el suelo boca arriba. El descuartizador estiraba tendones, apartaba extremidades y cortaba en pedazos los cuerpo sin el menor detalle de crueldad, ni de misericordia. ¿Por qué para ese verdugo vocacional una ejecución no era motivo de tristeza?
28/12/2007 16:24 Autor: Raúl Herrero. Enlace permanente. Tema: Motivos de tristeza.

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Autor: IHB

Bendita pieza de breve troceada a la manera zen. Abrazos y bon any!

Fecha: 29/12/2007 20:49.


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Autor: Musa Rella

Excelente descripción del habitat humano. Taxonomía poética del hombre y sus contradicciones.

Abrazos

Fecha: 02/01/2008 17:39.


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