Motivos de tristeza, (XLIX)

El sabio mientras argumentaba sus pláticas movía las manos como si realizara las cuentas de un rosario. Le escuchaban los prosélitos con paciencia y admiración, algunos cerraban los ojos para alcanzar una comprensión fundamental de las palabras, otros se rascaban la oreja con violencia para adentrarse en la búsqueda que comienza en el dolor. Con frecuencia el sabio regañaba a sus discípulos con las siguientes palabras: “¿Dónde estáis? Os veo sujetos a vuestras apariencias, a las manías que creéis forman parte parte esencial de vuestro ser, a vuestro ego”. Sin embargo, una tarde el sabio mientras estudiaba los manuales esenciales y preclaros se contempló en el espejo de las letras primigenias. Se adentro en la primera de ellas con la premura que emplea una hormiga en penetrar en su hormiguero. Ese instante fue, para el sabio, un momento de profunda tristeza, porque comprendió que todos sus discursos y enseñanzas, todos sus reproches sólo le habían servido para que su ego engordara, al igual que lo hace el cochino al sol de la tierra y las trufas.
Comentarios » Ir a formulario
![]()
Autor: Musa Rella
Los sabios son parte de este mundo. Y mientras son masticados por la vanidad, nos hablan de ella porque conocen hasta el último de sus dientes.
abrazos
abrazos
Fecha: 15/01/2008 11:34.


