Motivos de tristeza, (L)

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El asesino lamía el filo del cuchillo y sonreía de medio lado, como si quisiera imitar la agonía de un gato con la garganta recién sajado. Antes de iniciar las labores propias de su oficio, el asesino relataba a sus víctimas algunas historias, que fabulaba con el propósito de ahondar en la compasión del oyente, sobre su infancia. En ciertos relatos él era un niño abandonado que huía del orfanato oculto bajo la piel de un perro, al que previamente había desollado. En otras fábulas, que se desarrollaban en una piscina municipal, describía los motivos que le impulsaban a defecar y orinarse dentro del agua.  Así, por ejemplo, también contaba que en su casa de niño le servían ratas hervidas para comer, o describía truculentos castigos físicos que jamás tuvieron lugar, como la extirpación de las pestañas con unos alicates, o mencionaba una extraña maldición por la cual, con frecuencia, sus allegados morían en extrañas circunstancias, mientras cantaban la canción “El vino en un barco…”. Él no mentía en este último, aunque olvidaba mencionar que él era el oficiante de las “circunstancias”. En el día de su cumpleaños el asesino sintió, impulsado por el reflejo de su mirada distraída en un espejo, tanto amor por si mismo, que se dibujo con un cuchillo una sonrisa de lado a lado del cuello. Mientras moría, la imposibilidad de repetir esa hermosa sensación fue, para el asesino, motivo de tristeza.
23/01/2008 18:15

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Autor: Arturo

Un retrato sobrecogedor. He dejado de imaginarme a Narciso como me lo lo imaginaba. Ahora se pasea junto al estanque con un cuchillo en mano y mirada asesina. Saludos.

Fecha: 25/01/2008 13:12.


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