Motivos de tristeza, (LII)

Aguilera de Narbonez poseía el rostro y el pico de un quebrantahuesos. A pesar de sus 40 años sus compañeros de oficina, familiares y otros seres y espantajos le hacían corro para cantarle, con espíritu de mofa y mala leche, canciones como "el corro de la patata", "Antón pirulero", "ojos negros, cielo azul" y otras diversas tonadas de feliz recuerdo. El pobre Aguilera se descomía en su dolor y, a menudo, tras las burlas de sus desemejantes, vomitaba los tuétanos que siempre desayunaba con la misma voracidad y empuje que hubiera puesto en las viandas si fueran carquiñones. La falta de sueño y de apetito fue elevando al señor Aguilera del suelo, cual si se tratara de un santo varón, hasta que, ¡milagro de milagros! durante su quincuagésimo cumpleaños su rostro de quebrantahuesos ascendió hasta los cielos para sorpresa de los que presenciaron el acontecimiento. Desde ese día no se tuvo noticia de don Aguilera, lo que fue motivo de tristeza para quienes se pasaban las tardes muertas golpeando al pobre señor con sus escarnios. Por azar, o por algún intrincado nudo del destino, un hombre diminuto, frente al portal de la antigua casa del desaparecido, desde ese día jugaba al ajedrez con fichas que dibujaba con tiza en los baldosines de la acera.
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Autor: Musa Rella
Ellos iban callendo a la tierra uno a uno, vacíos. Y no lo sabían.
:)
Un abrazo (un gusto pasar por aquí).
Fecha: 15/02/2008 15:38.
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Autor: Musa Rella
También podría haber escrito cayendo... Es que algunos errores ortográficos son irresistibles.
:)
Fecha: 15/02/2008 15:40.


