Motivos de tristeza, (LIV)

El perro Hortensio, propiedad de los condes de Torniquete y Gómez de Alfaro, en su deambular diario descubrió que todas las personas lucían un sombrero. Esa extraña alucinación, o visión extraordinaria, le hacía sufrir con cavilaciones y preguntas que le inquietaban. Mientras devoraba su comida canina, mientras defecaba con alegría estudiantil bajo el árbol del parque, o mientras disfrutaba con el visionado de alguna película, aquel perro era un cinéfilo con varios libros publicados, volvían a su pensamiento, una y otra vez, esas imágenes constantes de personas con sombrero. Hortensio encontraba a los hombres con sombrero, sin sombra y apenas ensombrecidos, en la calle, en el descansillo de su casa, incluso a los condes de Torniquete y Gómez de Alfaro los veía siempre con la cabeza cubierta, ya fuera con un sombrero tirolés o con una gorra del ejército. Tras innumerables padecimientos este perro ejemplar, que se sentía marginado pues era el único con el cráneo al descubierto, logró que sus dueños comprendieran lo mucho que deseaba ataviarse con tan elegante y noble prenda. Y así, todas las mañanas, los marqueses compraban un bombín que el perro lucía elegante durante sus paseos vespertinos. De igual modo, todas las noches, en un arrebato, el can destrozaba la prenda. Esta operación se repetía a diario, excepto los domingos, puesto que la sombrerería cerraba por descanso semanal, lo que, como era de esperar, era motivo de tristeza para Hortensio.
03/03/2008 19:53
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Autor: Musa Rella
Vengo a tu blog en busca de mundos. Y los encuentro.
abrazos
abrazos
Fecha: 04/03/2008 10:04.

