Motivos de tristeza, (LVIII)

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El pequeño Aurelio todas las noches, antes de acostarse, rezaba bajo el palio de su colcha, protegido por las nauseas de una cena indigesta, con la cerviz doblada sobre su cuerpo hasta tal extremo que casi podía besarse las rodillas; Aurelio, en sus oraciones, suplicaba a Dios que le concediera un pequeño perro negro, con un hermoso pañuelo granate al cuello, un pequeño animal que le alegrara las tardes y las mañanas de su infancia. Su padre, oculto bajo la cama, escuchaba los deseos que su hijo formulaba en voz alta y esperaba, con paciencia, hasta que se dormía el niño, para ausentarse del cuarto. El día del cumpleaños de Aurelio sus padres le dejaron un pequeño paquete junto a la cama. Bajo el misterioso envoltorio algo se movía con tanto empuje de vida como el estómago hambriento del homenajeado. Llegado el momento de acostarse Aurelio se encontró con esa sorpresa y pensó: ¡Seguro que se trata de mi perro! El niño desenvolvió la caja, levantó la tapa, que poseía unas perforaciones realizadas toscamente con un bolígrafo, y, con la boca abierta, Aurelio esperó que el animal saltará sobre él. Pero lo que surgió del interior, en lugar del perro, fue una rata con ojos desmayados, que se abalanzó sobre las mejillas del niño y, tras morderle, desapareció por el pasillo de la casa, mientras  los padres reían a carcajadas. El pequeño perro negro, entre tanto, seguía en la mente de Aurelio, el recuerdo de su pañuelo granate, entrevisto en su imaginación, fue, para el infante, motivo de tristeza.

(Advertencia: Este "Motivo de tristeza" reconstruye una noticia auténtica leída en la prensa.)

23/04/2008 14:19 Autor: Raúl Herrero. Enlace permanente. Tema: Motivos de tristeza.

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