Motivos de tristeza, (LIX)
El rey Juan Lanas, en el lecho de muerte escribió, de su puño y letra, un codicilo donde demostraba su sentido del humor, puesto que nombraba heredero universal de sus haciendas y territorios al chimpancé Romualdo, mascota que la corte ofreció al monarca en su vigésimo noveno cumpleaños. Los ministros y gobernadores no encontraron ninguna fórmula legal para revocar los últimos deseos del legislador y, tras algunos dimes y diretes, los cortesanos se encontraron con la obligatoriedad de aceptar al animal como regente. Pasaron los años y la economía del reino mejoró a buen paso, se designaron a los hombres más capaces para puestos esenciales, se avanzó en derechos y en ayudas sociales… Cuando Romualdo agonizaba en su lecho, la corte y los súbditos lloraban la pérdida del que había sido su mejor rector. Los ministros se preguntaban: ¿Cómo un chimpancé habrá conseguido tanta prosperidad? Romualdo, que siempre se tuvo a sí mismo por un primate inteligente, había desarrollado con los años un aparato que, una vez implantado en su tráquea, le permitía comunicarse en el idioma humano. Así que, tras escuchar las disquisiciones de los plañideros, respondió, con las que fueron sus últimas palabras: “Fue sencillo. Nunca hice nada”. La defunción inmediata, del ya por todos considerado como un sabio magistral, fue para los subditos motivo de tristeza.

