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En Calatayud en una catacumba más hermosa que una pezuña de perro

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"Pienso que el teatro, desde hace medio siglo, está viviendo un renacimiento científico, risueño y filosófico", apuntó Arrabal. "Estamos beneficiándonos del hecho de que el teatro viva en las catacumbas. ”Así se expresaba desde Argentina, donde la Compañía Buster Keaton estrenó su obra teatral, sin palabras, Los cuatro cubos, mi admirado Fernando Arrabal.
Y, en efecto, el teatro de las catacumbas, la cultura en las catacumbas, como expresa en una nota al pie de página Josep Soler en su libro sobre Bach, se prolonga hasta dominar el material de la belleza. Que este testimonio no nos haga comulgar, a golpe de puño, con el melodrama. Incluso pueden darse “catacumbas” hermosas, como esos teatros pequeños, recónditos y cercanos, esas llamadas salas que, como una infección benigna, recorren la mayor parte de las ciudades del mundo.

También me sugirió, la bodega donde se adentra el Museo de La Dolores en Calatayud, la imagen de una catacumba hermosa. Allí celebré mi último recital ceremonia. Tal vez porque ese hermoso entorno abovedado -¿o esa forma quedó grabada en mi mente como una idealización?- retrotraía mis recuerdos sobre la figura de Fernando Arrabal recité una buena parte del libro: La piedra de la locura, esa consunción poética del iniciado, ese poemario que admiró Breton y del que, hace unos meses, Antonio “El Peruano”, director del teatro Espada de madera, realizó una portentosa adaptación teatral.

Por otra parte Pedro Abio y Beatriz Ramada interpretaron unos fragmentos de la obra que ahora ensayan en Barcelona En el útero del cosmos de Federico González. Aquellos dos atentos espectadores levantaron de sus asientos, como poseídos por un éxtasis incontenible, para derramar sus palabras sobre los presentes, que, atónitos y embarazados de varios hijos, se mordieron los dientes con rabia placentera.Realizó la presentación del acto un generoso Manuel Micheto, que se refirió a la historiografía de Libros del Innombrable con planisferios y esferas armilares. Una vez apoyado en mi atril frágil y delgado, como una caña a punto de muerte, que no de nieve, me rodearon unos seres de pequeño tamaño. No me sentí como un Gulliver monstruoso frente a los liliputienses, tampoco me abandoné a la ira, ni al temor. Permanecí ante mis cuartillas y sometido a unos ojos que me escuchaban con atención, abiertos de par en par, con la curiosidad del miope que visita a un odontólogo aunque sabe que el empleo de esos instrumentos, apropiados para la dentición, le dejarán ciego cuando se los introduzcan en la humedad de sus retinas. El poeta José Verón Gormaz tuvo la gentileza de asistir a tal convención y me entregó dos ejemplares de su último libro, que casi devoré en su presencia con afán comestible.
Baco fue generoso. Tras las celebraciones y los apretones de manos, las firmas, los llantos y otros detalles, llegó el momento de la eucaristía con el pan de la poesía y el vino que escanció nuestro anfitrión. Las vides se vertieron hasta el interior obtuso de los estómagos, lo que impulsó a los presentes a tomar prestadas fuerzas para acometer cualquier hazaña. Tras desistir de la dominación mundial recuperé la serenidad para contemplar con detalle los objetos repartidos por la sala. Me mostraron, para delirio de mi fantasía, un baúl que perteneció a Concha Piquer, donado por la hija de la cantante y actriz al Museo de La Dolores. En este lugar de catacumba, además del citado objeto, se encuentra una interesante muestra dedicada a la paisana de lugar, con vías de tren que recorren el suelo, carteles y otras curiosidades que transforman la cueva en un lugar mágico.
La lluvia repitió su protagonismo, pero no me importó puesto que, por dentro, quien esto escribe cantaba bajo la lluvia. De vuelta en el hogar, no lograba deshacerme de esos pequeños seres que, resucitados en la catacumba por el sonido de mi voz, decidieron seguirme hasta donde fuera. Y así, hoy, rodeado de ellos les escribo: una lee sobre mi hombro estas líneas, otro interpreta unos extractos de La bohème y los demás corretean de un lado para otro. En fin, la poesía tiene esas cosas.

13/05/2008 16:22 Raúl Herrero Enlace permanente. sin tema

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