Motivos de tristeza, (LXII)

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El campesino se casó con la araña. Aunque hablaba, caminaba, se contoneaba y se humedecía como una mujer, ella era una araña. Al principio, la consorte arrullaba al recién casado con su tela. Con el tiempo la araña pronunció las primeras quejas. "Si trabajas un poco más, sólo unas horas más, nos compraremos un televisor, un tejado esmaltado, una bicicleta y unas lentejuelas." Aunque el hombre intentó revelarse las caricias y el mimo le convencieron, aunque a la fuerza. Una tarde ella regurgitó pequeñas arañas y la casa se volvió inhabitable. "¿De algún modo tendremos que alimentar a nuestros forúnculos?, anunciaba la esposa con varias piernas al esforzado marido. El campesino aumentó unas horas su trabajo. Al cabo del tiempo el hombre, ya anciano, sugirió a su esposa que, tal vez, fuera el momento de reducir su jornada, puesto que, con los años, el cansancio se le pegaba al cuerpo. Pero ella le amenazó con devorarle, así que él incrementó su horario en lugar de disminuirlo. Pasaron las estaciones y el campesino, ya cadáver, continuó trillando, labrando y realizando las tareas del campo día y noche. Los habitantes de la aldea lo miraban con asombro, pero pronto aceptaron la silueta del difunto como parte del paisaje. Desde luego, para la araña y su descendencia la muerte del campesino no era motivo de tristeza, puesto que el esqueleto proseguía con la tarea y, por tanto, la familia recibía con puntualidad el diezmo.

28/05/2008 13:48 Autor: Raúl Herrero. Enlace permanente. Tema: Motivos de tristeza.

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