Motivos de tristeza, (LXVI)

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La momia se negaba a retirarse la venda de los ojos. Guiada por la intuición y por cierto instinto realizaba sus tareas cotidianas: compraba el pan, merendaba tostadas integrales e, incluso, leía el periódico, aunque en verdad las noticias procedían más de su fantasía que del contenido del diario. Los arqueólogos, conservadores del museo y turistas le repetían hasta la afonía:”Anda, arráncate las vendas, así verás el mundo, las cordilleras, las rodillas de las muchachas y sus afluentes”. Normalmente la momia respondía a esta invitación con gestos procaces. Pero una mañana, tras unos sueños inquietos, la momia se retiró las vendas de los ojos. Con sus cuencas vacías contempló en derredor todas las maravillas que le habían asegurado encontraría en el mundo. Pasados unos minutos se ocultó de nuevo la visión bajo el lino. ¿Por qué te has tapado los ojos otra vez?, le preguntaron las criaturas que se movían a su alrededor con inquietud. “No he visto nada que superara en interés a lo que contemplo con los ojos vendados”, respondió la momia. A la mayoría tal afirmación les pareció una excentricidad, sin embargo, para los pocos que se adentraron en las palabras pronunciadas por la momia, los detalles de su realidad cotidiana fueron desde entonces para ellos motivo de tristeza.

16/06/2008 19:32 Autor: Raúl Herrero. Enlace permanente. Tema: Motivos de tristeza.

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