Motivos de tristeza, (LXXI)

(En la imagen superior lienzo de Rubens.)
Algunos afirmaban que aquellos frutos eran hombres, otros aseguraban que se trataba de gigantes o, quizá, incluso de dioses. “La indeterminación no entrará en este mundo”, decidió el padre y se entregó a su primer bocado. Mientras se comía a su hijo lloraba a cuerpo de rey. Las lágrimas vertebraban con tanta fluidez y cantidad la estancia que a punto estuvo el glotón de morir ahogado. Los que habían fallecido sin duda eran los infantes, a los que masticaba con saña el devorador. Aunque el agua salada del lagrimeo caníbal le llegaba al cuello, Saturno no cejaba en su desmesurada merienda. Después el tiempo se ocupó de juzgar al mundo antes de la eternidad. Y este asunto, ¿fue motivo de tristeza para los hombres o para los propios dioses?


