Motivos de tristeza, (LXXII)

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 Juan “sin miedo” se aproximaba a las grúas, a los elevadores, a los crujidos nocturnos e, incluso, a los concejales y a las aves de rapiña con una amplía sonrisa; de ahí su apodo. Los aldeanos probaron con fuego (le dejaron arder en una hoguera durante semanas en la plaza del pueblo); luego con agua (lo lanzaron por un acantilado atado de pies y manos). Sin embargo, Juan siempre reaparecía indemne y con una sonrisa en los labios. Incluso el obispo del lugar se disfrazó de diablo para perseguir a “sin miedo” todas las noches, con el avieso propósito de calzar el temor en el incólume joven. Pero el desdichado obispo sólo consiguió que su víctima le invitara a chocolate y aguardiente. Todos estos sucesos motivaron la celebración de urgencia del órgano dirigente de la aldea. Tras pronunciamientos de enjundia, los ancianos espetaron: “¡Esto es una vergüenza! ¡No podemos seguir así!” La decisión de los sabios fue inapelable. Sólo quedaba una cosa por hacer: los matarifes descuartizaron al pobre Juan “sin miedo” y lanzaron sus restos a los tocinos. Las permanentes sonrisas que aquellos puercos ostentaron hasta el día de su muerte fueron motivo de tristeza para los que participaron en el crimen.

08/08/2008 18:13 Autor: Raúl Herrero. Enlace permanente. Tema: Motivos de tristeza.

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Autor: pedrp

la foto se me hace muy conosida de donde es

Fecha: 29/11/2008 03:50.


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