Motivos de tristeza, (LXXIII)

En aquel festejo los invitados comían con las manos y mostraban con ostentosidad acartonadas caretas de tocino. Mientras, Pulgarcito saltaba de plato en plato para no ser devorado por los voraces convidados. De pronto, una mujer señaló al pequeño saltimbanqui y gritó: “Ahí está Pulgarcito, ahí está. Tirad los emparedados y las ciruelas, ahí ya no se oculta. ¡Fijaos como vuela!” Las caretas de tocino se golpeaban unas a otras para hacerse con el premio suculento. Los ancianos se relamían, las mujeres se atusaban el flequillo y algunos animales, que se habían escapado de la cuadra, golpeaban con ferocidad los rostros de tocino. Pulgarcito, desde la seguridad de la lámpara más alta de palacio, realizaba gestos obscenos y mostraba las nalgas a los presentes. Para sorpresa de todos una marmota, desde los lomos de una vaca, dio un enorme salto y de un bocado se trago al pequeño infante. La pérdida del trofeo fue, para los perdedores, motivo de tristeza. Por cierto, tanta fue la ira de los presentes que, a golpe de uñas, asesinaron al animalito vencedor.


