Motivos de tristeza, (LXXV)

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A pesar de las explicaciones que le eran requeridas por todos, aquel gorila insistía en que su imagen se correspondía con la de Dios sobre la tierra. Sus coetáneos, puesto que parecía que aquel extraño se conducía con bondad y buenas maneras, además de lo intachable de su peinado y lo ejemplar de su higiene, se comportaban con él como si realmente fuera la manifestación de la divinidad. Sin embargo, aunque lo aceptaron de buena gana, los dioses siempre mantuvieron cierta suspicacia en torno al autoproclamado “imagen viviente del dios”. Aunque, puesto que tampoco se hallaba ningún detalle para dudar de la certeza de sus palabras, las generaciones de dioses y hombrs se sucedieron con mayor o menor veneración sincera por el gorila eterno. El recelo de todos se disipó el día en que un niño pisó sin querer a “la imagen de dios sobre la tierra” en el dedo índice del pie derecho. “Maldito desgraciado. ¡El daño que me has hecho! Así te caiga un rayo que te ciegue de por vida”, exclamó el gorila al tiempo que propinaba una sonora bofetada al desprevenido infante. El derrocamiento y escarnio del primate fue para sus ortodoxos seguidores motivo de tristeza, pero las evidencias no dejaban ninguna duda al respecto de su pobreza espiritual.

08/09/2008 20:09 Autor: Raúl Herrero. Enlace permanente. Tema: Motivos de tristeza.

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