Motivos de tristeza, (LXXVII)

La oveja Crisóstoma interpretaba todas las mañanas de primavera un variado repertorio de canciones de zarzuela. El rebaño, ocupado con el pasto y la observancia del paisaje, disfrutaba con el entusiasmo de su compañera y, en prueba de agradecimiento, le reservaban los más frescos prados. En algunas ocasiones, el perro Fulgencio Gómez de Cuña Vicuña se unía a la cantante con su guitarra de doce cuerdas. En esas ocasiones el repertorio se aproximaba más al folk y el blues. De hecho, este can había ganado varios premios en concursos destinados a músicos aficionados, además en toda la comarca se le conocía por su destreza con las patas. A los fragmentos de La Violetera, Luisa Fernanda, Gigantes y Cabezudos, A la mar con las focas, Los taburetes elástico y otras zarzuelas, les seguían, tras unirse a la oveja el perro con sus cuerdas , temas como Hammer Blues, Sweet Home Chicago, El Paso Blues, John The revelador… Por desgracia, el pastor, Angostura Millán, hombre de poco seso, escaso entendimiento y nulas luces envidiaba las dotes de los animales y soñaba con eclipsar la popularidad del fabuloso dúo. Con tal propósito bebía el incauto más de dos litros de yemas de huevo todas las mañanas, realizaba gorgoritos con orina –ignoramos la procedencia de tan curiosa receta– y ensayaba en la soledad de los montes. Un día, al final de aquella primavera, Angostura Millán condujo al rebaño hasta un claro del bosque, donde frondosos robledales iluminaban una sombra impertérrita. Allí, tras esputar, el pastor comenzó su serenata. Eran tan insufribles los chirridos y crujidos de aquel hombre que las ovejas no tardaron en mearse de risa. Incluso el perro Fulgencio tuvo que agarrarse con sus patas a un tronco para no revolcarse por el suelo batido por las carcajadas. Este suceso fue motivo de tristeza para el envilecido pastor que decidió quitarse la vida y dedicarse a la política. Según cuentan las ovejas ancianas de aquellos contornos, todavía hoy se escuchan en el bosque, cuando el aire brinca entre las ramas, las risas del rebaño.


