Motivos de tristeza, (LXXXII)

(En la imagen superior Brujo de Fernando Briones, Óleo/lienzo, 66 x 53,50 cm, 1952)
Los estudiantes decidieron amaestrar al profesor. Los primeros días le colocaban tachuelas en la silla y le obligaban a proferir gritos en el altiplano. Más tarde pasaron a la acción: los adolescentes colocaron al maestro unas bridas y le obligaron a recorrer cientos y cientos de kilómetros por las autopistas, en especial los domingos y fiestas de guardar. Pero una tarde de abril los muchachos leyeron por casualidad un libro de filosofía y decidieron reformarse. Desde ese día los estudiantes se mostraron educados y respetuosos con su profesor. El educador, cuando se cercioró de la debilidad de sus alumnos, de inmediato se vistió de gris castidad y comenzó a azotarles con fustas y a obligarles a emplear cilicios de noche y de día. Durante el atardecer los recuerdos de sus antiguas fechorías eran para los alumnos, ahora obedientes, motivo de tristeza.


