Motivos de tristeza, (LXXXIII)

Los dientes de Augustus Céntimos poseían una fortaleza superior a la acostumbrada, es más, posiblemente la dureza de su dentición fuera la mayor de todos los tiempos. Puesto que sus encantos y virtudes se reducían a este insignificante detalle procuraba demostrar su capacidad a la mínima ocasión. Por ejemplo: ante cualquier chiste respondía Augustus con una amplia sonrisa que dejaba al aire todos sus dientes como si fueran pequeños soldados pálidos puestos en línea. Cuando se sentía enamorada y pretendía impresionar a una joven ataba el extremo de una cuerda al parachoques de un camión y mordía el otro lado y así, a fuerza de tirones dentales, arrastraba el vehículo. Pronto le llegó la popularidad por la prensa y los programas de televisión. Su interés por la superación le llevó a intentar estrategias, fenómenos y ocurrencias cada vez más comprometidas. Así arrastró a fuerza de dientes un boing 777, enderezó la torre de pisa y redujo a escombros la Torre Eiffel, para luego reconstruirla a dentelladas. Pero cada triunfo se convertía para Augustus en una sorda derrota. La insatisfacción le supuraba por el hígado, el corazón y en su cabeza enraizaba el árbol podrido del odio. Así que llevado por una desaforada locura comenzó a morder todo cuanto le rodeaba. Destruyó los bordillos de las aceras, los automóviles aparcados en las aceras, los carritos de los niños... Luego pasó a comportarse como un lobo sanguinario. Por las noches acechaba a la luz de sus afilados dientes y caía sobre transeúntes a los que devoraba sin compasión. "¡Fijaos, fijaos qué dientes! ¡Qué hermosura! ¡Serían capaces de acabar con cualquier cosa!”, gritaba a pleno pulmón desde los tejados. Y, en efecto, la celebración de la ceremonia en que se autodevoró fue para todos motivo de tristeza.
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Autor: musa
bsos
Fecha: 14/11/2008 15:58.


