Motivos de tristeza, (LXXXIV)

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Los estudiantes decidieron amaestrar al profesor. Los primeros días le colocaron tachuelas en la silla y le obligaron a proferir gritos con tanta violencia como si los pronunciara desde el altiplano. Más tarde, los muchachos pasaron a la acción: engalanaron al maestro con unas bridas y le permitieron recorrer cientos y cientos de kilómetros por la autopista, en especial, durante los domingos y fiestas de guardar. Pero una tarde de abril, los muchachos, casi por azar, por un descuido, leyeron un libro de filosofía y decidieron reformarse. Desde ese día los estudiantes se mostraron educados y respetuosos con su maestro. Por el contrario el educador, cuando se cercioró de la debilidad de sus alumnos, de inmediato se vistió de gris castidad, comenzó a azotarles con su fusta y les obligó a cabalgar,  con un cilicio en ambos muslos,  de noche y de día. Durante el atardecer los recuerdos leves de las antiguas fechorías eran para los alumnos, ahora obedientes y pasteurizados, motivo de tristeza.

01/12/2008 19:26 Autor: Raúl Herrero. Enlace permanente. Tema: Motivos de tristeza.

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