Motivos de tristeza, (XCV)

El gigante sonreía con la enormidad del bobalicón. Cuando los soldados le alcanzaron el gigante se carcajeó. Los hombres le lanzaron piedras con sus hondas, le dispararon flechas y le clavaron las espadas. Mientras ,el receptor de todos los golpes se revolcaba de risa por el suelo y barría, con su inconsciente comportamiento, a los caballeros y soldados que pretendían matarle. Finalmente uno de los arqueros, que se había mantenido a distancia del combate, espetó al gigante: “¿Por qué te ríes si intentamos asesinarte?” El coloso dejó de reír y con el rostro desencajado musitó las siguientes palabras que, con su aliento, provocaron un temporal: “¿A eso veníais? ¿A matarme?”. El descubrimiento de tal revelación fue para el sabio gigante motivo de tristeza.


