Motivos de tristeza, (XCVI)

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En aquel pueblo todo sucedía muy de tarde en tarde. Las viudas suspiraban hastiadas sobre el té que les servían sus hijas, recatadas, con un lazo en la cabeza y zapatos casi invisibles, ¡tal era su pulcritud! Los gallos en el corral leían la prensa y olvidaban pronunciar sus discursos al amanecer. Los hombres acudían a labrar la tierra. Sin embargo, puesto que los frutos les salían al encuentro, ocupaban más tiempo en la siesta que en el trabajo. Los niños se perseguían a pedradas por las empedradas calles, pero como en ese pueblo las heridas, una vez comenzaban a florecer, se volvían sobre sí mismas hasta cerrarse en pocos segundos, el entretenimiento carecía de alicientes. Al atardecer la mayoría del pueblo se sentaba a escuchar a sus mayores, quienes evocaban aquel día en que un pastor trashumante se equivocó de camino y pasó por el lugar con su vaca. Todos gritan y lloran de emoción en el momento culminante del relato: Cuando el animal se desprende de un enorme excremento junto a la fuente. Para los ancianos, el recuerdo de aquel suceso, que destrozó por unos momentos la idílica monotonía de sus vidas, era motivo de nostálgica tristeza.

07/03/2009 08:55 Autor: Raúl Herrero. Enlace permanente. Tema: Motivos de tristeza.

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