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La salmodía

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Aba Pablo, higúmeno del monasterio de aba Teognosto, nos dijo que un asceta le contó lo siguiente:

Un día estaba yo sentado en mi celda. Hacía mi trabajo manual, que consistía en trenzar cestas y recitaba salmos. De repente, entró por la ventana un desconocido con aspecto de niño sarraceno, vestido con una túnica. Se puso delante de mí y comenzó a bailar mientras yo recitaba la salmodia.

—¿Bailo bien, anciano?—me preguntó.

Yo no respondí nada.

—¿Te gusta como bailo anciano?

Seguí sin responder.

—¿Qué te crees, maldito anciano? —me dice—, ¿qué haces algo importante? Pues te digo que te has equivocado en los salmos sesenta y cinco, sesenta y seis y sesenta y siete.

Entonces yo me levanté y me arrodillé ante Dios. Desapareció en el acto.

 

El prado, de Juan Mosco

Siglo VI D.C.

Biblioteca Medieval, Siruela

Madrid 2005 

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raulherrero

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