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El Greco de Fernando Arrabal

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[Esta reseña sobre el libro El Greco de Fernando Arrabal, reeditado por la editorial Casimiro, se publicó en el suplemento de Artes & Letras, que dirige Antón Castro, del periódico Heraldo de Aragón el jueves 28 de marzo de 2013].

 

Fernando Arrabal

El Greco

Casimiro Libros, Madrid, 2013

54 págs.

 

En primer lugar felicitemos a la editorial Casimiro por la recuperación de este ensayo. Arrabal es un entusiasta de la pintura. Resulta apabullante su pinacoteca personal fruto de sus lazos y amistades con artistas como Picasso, Dalí, Saura, Topor, Julius Baltazar, Magritte, Pollock, Botero, Antonio Beneyto, Antonio Fernández Molina…

El Greco de Arrabal se publicó en España por primera vez en el año 1991 de la mano de la editorial Destino. Con posterioridad el título conoció ediciones en EE UU, Alemania, Italia y Francia. Esperamos que pronto alguien edite en España los ensayos que Arrabal dedicó a Goya y Salvador Dalí. Ahí dejamos el envite.

El Greco “es el creador de la inversión en el arte”, declara Arrabal. En torno a esta afirmación se plantea, con estilo agudo y riguroso, la vida y obra del pintor. Arrabal también repara en el contexto histórico y en personajes que circundaron al cretense. No olvida el autor lo denostado que fue El Greco durante siglos por una parte del mundo artístico. En 1881 el director del Museo del Prado pretendía desprenderse de las pinturas de El Greco, mientras un crítico de la época añadía “maldita la falta que hacen aquí sus extravagancias”. Arrabal aclara a este respecto: “Durante trescientos años el silencio o el encono acogieron la obra del, a mi juicio, mejor pintor que pariera madre”. Pero tampoco olvida el autor a los admiradores del pintor, en especial a la generación del 98, que defendió a El Greco con una intensidad equiparable a la que puso el grupo poético del 27 en la reivindicación de Góngora.

Arrabal se detiene en algunas pinturas y nos desvela dobles imágenes. Así, nos muestra un candelabro talmúdico de siete brazos en el lienzo “Alegoría de la Orden de los Camaldulenses”. “Para el pintor nada estaba en su lugar geográfico sino en su sitio espiritual”, se nos dice. “Por ello –sigue-  meditar sobre su obra es intentar descubrir la fluctuación entre lo real y lo imaginario”.

El libro se completa con la conferencia “Velázquez… y El Greco” pronunciada el 11 de diciembre de 1999 en la Universidad de Cergy-Pontoise. Este texto posee el encanto de las vidas paralelas de la antigüedad. Si bien, en este caso, la experiencia vital de los artistas citados se relaciona por oposición. En un lado Velázquez, hombre de vida cortesana, servil con los poderosos; en el otro El Greco, el heterodoxo, al que se califica de “forastero al cubo, el exiliado entre los exiliados, el vagabundo apátrida…”. Arrabal afirma además: “El color y la exuberancia impresionista de Velázquez pertenecen a la estética de su secreto maestro (El Greco)”.

El libro principia y termina  con la confidencia que Andy Warhol le realizó a Arrabal un 8 de marzo de 1982: “[El Greco] hizo siglos antes lo que yo intento hoy: invertir las relaciones del hombre con el arte”.

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