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Por la puerta grande (Entremés o paso, II)

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Entremés.
Pieza de teatro jocosa, en un solo acto, que solía representarse entre una y otra jornada de la comedia. María Moliner, Diccionario del uso del español. Segunda edición, Madrid, 1999.
Pieza dramática jocosa y de un solo acto. Solía representarse entre una y otra jornada de la comedia, y primitivamente alguna vez en medio de una jornada. Diccionario de la lengua de la Real Academia Española. Vigésima primera edición. Madrid, 1992.


Una habitación gigantesca, desproporcionada, ahogada por muebles estilo biedermeier. Una lámpara enorme, realizada con cristal de roca, cuelga del techo. Bajo esa monstruosa creación, que recuerda por su al incensario de la Catedral de Santiago de Compostela, una anciana sentada en una mecedora ejecuta los movimientos repetitivos propios de una persona cuando practica la calceta. La anciana viste de luto, con una pañoleta en la cabeza, una rebeca de punto sobre los hombros. No se le ve ni un centímetro de piel porque a su cuerpo lo envuelven vendas de lino. Sí, como a las momias. Suena una música de réquiem: Berlioz o Verdi. Tras unos segundos la música desciende, se escucha el crujir monótono de la mecedora durante varios segundos o minutos, según el tiempo que tarde el público en impacientarse. Entra Faustino Perlanas, un enano muy joven, con un ramo de flores en la mano. Baila una danza exótica y excéntrica con mucha gravedad, en un silencio violentado por la bamboleante mecedora.


 

Faustino.- (Desde una distancia prudente porque desconfía de la anciana. Susurrante.) Señora, señora.

(La anciana no se inmuta ahora ni durante el resto de la obra. Sólo musita sus intervenciones con desgana o con el tono que el director o la actriz consideren apropiado dependiendo de la situación. La anciana también puede intervenir con un tono de voz que manifieste indiferencia.)

Faustino.- (Más alto que antes.) Señora, señora.

(Silencio.)

Faustino.-(A gritos.) ¡Señoraaaaaa!

(Silencio.)

Faustino.-(En voz alta o en alta voz.) Mi nombre es Faustino Perlanas y venía a casarme con su nieta. ¿Me oye? ¡Señoraaa!

(Faustino se aproxima a la anciana con prudencia, temeroso.)

Faustino.-(A gritos.) ¡Qué venía a casarme con la que supongo será su nieta! ¿Me oye?

(Faustino se aproxima más a la anciana y justo cuando se encuentra a punto de tocarla, ella interviene de manera imprevista. Faustino se asusta y retrocede.)

Anciana.-A mí lo que más me gusta es la calceta.

(Silencio. Faustino Perlanas, tras retroceder asustado, fija su mirada en la anciana.)

Faustino.-(Con temor. En voz alta.) Preguntaba por su nieta, señora, noble anciana.

¡Señooooraaaa! (Aparte.) ¿Será sorda la vieja?

Anciana.-A mí lo que más me gusta es la calceta.

Faustino.-¿Otra vez con la calceta? ( A la anciana y a gritos.) ¡Señoraaaaa! ¿Está sorda? ¿Preguntaba por su nietaa? Vengo a casarme con ella.

Dueño y Señor.-(Voz en off. Grave.) ¿Con su nieta?

(Faustino Perlanas se asusta y corre a ocultarse tras la mecedora de la anciana. Silencio.)

Anciana.-A mí lo que más me gusta es la calceta.

Faustino.-¿Quién es?

Dueño y Señor.- Soy el dueño y señor… de esta casa.

Faustino.-(Tras salir de su escondite. Muy serio y con la vista puesta en el cielo.) Es un placer. Mire, mi nombre no es otro que Faustino Perlanas y venía con el propósito de casarme con su nieta.

Dueño y Señor.- No tengo nietas. ¿Será con la nieta de mi madre?

Faustino.- ¿Con quién?

Dueño y Señor.- Esa señora de ahí es mi madre.

Faustino.-(Saca la cartera y enseña una foto.) Mire, ¡y esta es la mía! ¿Y la suya donde está?

Dueño y Señor.-Sentada en la mecedora.

Faustino.-Pero… es sorda, ¿verdad?

Dueño y Señor.-¡Cómo se atreve! ¡De ningún modo!

Faustino.-¿Entonces no me deja casarme con su nieta?

Dueño y Señor.-No le he dicho que no tengo nietas.

Faustino.-¿Pero no era su madre esta señora?

Dueño y Señor.-Por eso mismo.

Faustino.-Pero, ¿es sordo o qué le pasa?

Dueño y Señor.-Está muerta.

Faustino.-¿Su nieta? ¡Qué desgracia!

Dueño y Señor.-No, mi nieta… mi hija, no. Mi madre es la que está muerta.

Faustino.-¿Qué madre?

Dueño y Señor.-La mía.

Faustino.-¿La sorda?

Dueño y Señor.-¡No está sorda! ¡Está muerta!

Faustino.-Pero si se mueve…

Dueño y Señor.-¡Y qué quiere que yo le haga!

Faustino.-Pues impóngase, ¡señor mío! Con los muertos hay que tener mucho cuidado porque enseguida se le suben a uno a las barbas.

(Faustino se coloca una barba postiza y baila una canción tirolesa. La anciana acompaña el ritmo con un pie. Mientras Dueño y Señor lanza exclamaciones de sorpresa y enojo: “¡Ohhhh! ¡Qué escándalo! ¡Qué barbaridad! ¡Virgen Santa!”.)

Anciana.-(Una vez que Faustino Perlanas ha finalizado su baile.) A mí lo que más me gusta es la calceta.

Dueño y Señor.-Bueno, ¿y qué quiere de mi hija?

Faustino.- De su nieta… Bueno, quería, ya me entiende. Primero casarme y luego… ¡qué picantón es usted!

Dueño y Señor.-¡Por todos los santos! ¿Dónde ha estudiado usted? ¡Qué desfachatez!

Faustino.-(Tras sacar de su bolsillo un papel.) Aquí le traigo mi curriculum “bario”.

Dueño y Señor.-¿Querrá decir “vite”?

Faustino.-(Sorprendido) ¡Ah! ( A la anciana y en un susurro.) ¿Qué ha dicho que vi?

Anciana.-A mí lo que más me gusta es la calceta.

Faustino.-A mi su nieta me gusta más que un pollo a la chilindrón.

Dueño y Señor.-¡Ya le he dicho que se trata de mi hija!

Faustino.-Ah, perdone, creí que era su madre.

Dueño y Señor.-¿Mi madre?

Faustino.-¡Como hablaba de su nieta!

Dueño y Señor.-¡Qué nieta!

Faustino.-No, yo no tengo ni hijos, como para tener nietos ni nietas. Además yo he venido aquí a casarme o, en su defecto, a leer mi columbario.

Anciana.-A mí lo que más me gusta es la calceta.

Dueño y Señor.-Entonces, ¿quiere casarse con mi hija? ¿Viene a pedirme la mano?

Faustino.-(Realiza en el aire el gesto de estrechar la mano.) Sí, la mano.¡Encantado! (Habla de nuevo con la anciana.) Pues como le decía, su madre me gusta más que las perneras de pana.

Dueño y Señor.-¿Qué le dice a mi madre?

Faustino.-Pero ¿no era su nieta?

Dueño y Señor.-¿Quién?

Faustino.-Si no sabe de lo que habla manténgase callado. ¿Y mi columbario lo lee o no?

Dueño y Señor.-¡Qué desfachatez!

Faustino.-¡Pues se lo leo yo! Nací donde dijo mi madre y en un año qué a usted no le importa. Durante mis primeros quince años de vida mi madre me crió amamantado por una cabra salvaje de nombre Ofelia y de sexo hembra. A pesar de mi corta estatura sobresalí como amaestrador de focas, liberador de chimpancés y antialpinista durante cerca de tres ó cuatro meses. Después me he dedicado a mis labores con una actividad tan constante que he llegado a levantar dos casas, tres pensiones y cuatro palacios.

Dueño y Señor.-¡Qué bobadas son esas!

Faustino.- Si algo existe bajo la capa del cielo que me cabrea son las personas que hablan sin saber, por decir algo, como si el hablar fuera defecar. Aquí hablo, aquí cago, aquí hablo, aquí cago, así, de cualquier manera y forma. (A la anciana.) ¿Verdad señora?

Anciana.-A mí lo que más me gusta es la calceta.

Faustino.- A mí su hija me gusta más que los helados rellenos de helado.

Dueño y Señor.-¡Esto es inaudito! Ahora mismo voy a mandar que lo expulsen de mi casa a mis quinientos mamelucos.

Faustino.-¡Usted no se meta donde no le importa! Porque si es usted el padre de esta señora, le queda la parentela muy lejana en relación con mi prometida, para que me venga a mí a decir si esto o si aquello.

Dueño y Señor.-¡Fuera! ¡Fuera de mi casa ahora mismo!

Faustino.- Vaya, vaya carácter. ¿Ha bebido o siempre tiene tan mala baba? ¿Puedo hablar con su abuela?

Dueño y Señor.-¿Mi abuela? Estaba hablando usted con mi madre, que, por cierto, está muerta desde hace treinta años. La dejamos en la mecedora por tenerla ocupada con algo.

Faustino.-Lo mismo hicieron mis padres conmigo.

(La anciana se levanta y muestra una escopeta.)

Anciana.-A mí lo que más me gusta es la calceta.

(Faustino arrebata el arma a la anciana y comienza a disparar al cielo.)

Dueño y Señor.-¡Oh, dios! ¿Pero qué hace?

(Cae a escena un cuerpo muerto desde el techo de la escena mientras suena el Aleluya de Haendel.)

Faustino.-(A la anciana.) Buenas, señora, venía a casarme con su nieta.

(La anciana se sienta de nuevo en la mecedora y prosigue su labor.)

Anciana.-A mí lo que más me gusta es la calceta.

(Mientras Faustino limpia la escopeta y se escucha el sonido de la mecedora desciende el …)

TELÓN

 

[En la imagen superior ilustración de Aljoscha Blau para el libro Mejillas Rojas de Heinz Janisch. Traducción de Eduardo Martínez. Salamanca, España, Lóguez Ediciones, 2006. Colección Rosa y Manzana.]

© Raúl Herrero

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