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La petición (Entremés o paso, VIII)

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 Entremés.
Pieza de teatro jocosa, en un solo acto, que solía representarse entre una y otra jornada de la comedia.
María Moliner, Diccionario del uso del español. Segunda edición, Madrid, 1999.
Pieza dramática jocosa y de un solo acto. Solía representarse entre una y otra jornada de la comedia, y primitivamente alguna vez en medio de una jornada.
Diccionario de la lengua de la Real Academia Española. Vigésima primera edición. Madrid, 1992.

 

La escena transcurre en un salón decorado al estilo de la alta burguesía de la época de la revolución industrial. El vestuario y las maneras se corresponden con una estricta y amanerada educación que, sobre todo, cuida las formas y se reserva todo lo que pudiera interpretarse como un conato de sinceridad. Lo que a continuación ocurre se sitúa momentos antes de una cena formal entre adultos formados, aunque, no necesariamente, uniformados.

Entran a escena el Novio y la Novia.

Novio.-Tal vez nos hayamos precipitado. No sé si éste será el mejor momento para que me presentes a  tus padres.

Novia.-No te preocupes. Seguro que les causarás un sobresalto. En definitiva se trata de una simple velada familiar.

Novio.-¡Hombre, tan, tan familiar no lo es! Tus padres, según me has dicho, también han invitado a tu tío, ya difunto, a varios amigos de la familia, a la tuna y dos cuerpos completos de la legión…

Novia.-Mira, los miembros de la coral a la que pertenece mi madre han disculpado su ausencia. Con  eso ya son 300 invitados menos.

Novio.-Cuando me hablaste de conocer a tus padres esperaba otra cosa, algo más íntimo.

Novia.-Dices eso porque no me quieres.

Novio.-¿Cómo puedes pensar así?

Novia.-¿Estás diciendo que por ser mujer no puedo pensar? ¡Machista!

Novio.-No, comunista nunca he sido. Además qué pensarían tus padres, todos ellos miembros del partido tradicionalista.

Novia.- Hoy  he recibido una buena noticia y no quiero disgustarme. El cirujano Torcuato, con el que mis padres mantienen una amistad de siglos, me hará un descuento en la operación previa a nuestra boda.

Novio.-¿Qué boda? ¿Qué operación?

Novia.-Nuestra boda. Todos esperan  que en el transcurso de la velada me pidas en matrimonio.

Novio.-Un momento, de eso no habíamos hablado.

Novia.-¿Hablado de qué? ¿Acaso hace falta que el amor se pronuncie?

Novio.-Tal vez, algo, aunque sólo sea un poco, unas palabras… Porque no había pensado en casarme…

Novia.-¿Cómo? ¿Es que no me quieres? ¿Acaso no heredaste una fortuna de tu abuela hace unos meses?

Novio.-Claro que te quiero, no es eso. Y claro que heredé una fortuna…

Novia.-Entonces no hay nada más que hablar.

Novio.-¿Y eso de la operación?

Novia.-Lo normal. Todas mis amigas, que se han casado y divorciado casi al tiempo, se han operado antes de la boda y después de la separación. No me dirás que pretendes casarte conmigo sin que me opere previamente. ¡Menuda vergüenza! ¡Qué pensarían de mí el sacerdote y el diácono de la catedral!

Novio.-Pero ¿de qué tienes que operarte?

Novia.-De todo. Ya sabes de los pómulos, los sobacos, los dientes, las amígdalas, el cuello, los labios… Aún recuerdo la boda de Pipí con Moñi. Cuando ella llegó al altar él no la reconoció, todavía hoy él cree que  se equivocó de boda.

Novio.-¡Dios mío! Entonces ¿por eso en la boda de tus primos la novia parecía una momia?

Novia.-Sí, se le complicó la cicatrización de las heridas y tuvo que casarse con las vendas alrededor del cuerpo. ¡Pobre mujer! ¡No sé si logrará superarlo!

(Entra  El padre de la novia.)

 Padre de la novia.-¡De modo qué estáis aquí polluelos!

Novia.-Padre amado y sacrosanto. Precisamente ahora estaba a punto, mi futuro esposo, de pedirme en matrimonio.

Padre la novia.-(Mientras pelliza el moflete al Novio.) No se te ocurra entregarle el anillo de pedida a mi niña, sin antes solicitar la mano a sus padres. Que como bien sabes somos esa mujer y yo.

Novio.-¿Qué mujer?

(Entra a escena La madre de la novia.)

Madre de la novia.-¡Yo misma jovencito! ¿Es cierto que has heredado una fortuna de tu abuela que en paz descanse?

Novio.-Sí, señora.

Madre de la novia.-Entonces, permíteme que te llame hijo.

(La Madre de la  novia se abalanza sobre el novio y lo acaricia con lascivia.)

Padre de la novia.-Mira, mira hija, qué cariñosa es tu madre cuando escucha la palabra fortuna.

Novia.-En todo lo relacionado con el dinero mi madre siempre ha sido muy suya.

Novio.-(Apartando a la Madre de la novia.) Señora, por favor, compórtese.

Madre de la novia.- Pero  muchacho, no comprendes que ahora casi, casi somos familia. Al fin y al cabo vas a casarte con mi hija.

(La Madre de la novia besa en la boca al Novio.)

Padre de la novia.-(Tras reír a carcajadas.) Mira hija qué graciosa es tu madre. Siempre ha sido muy apasionada. ¡Ay, recuerdo nuestra noche de bodas! Tomé a tu madre por las nalgas y le di repetidas veces. Ella gemía y suplicaba como un jamelgo. Pero yo nada, a lo mío, venga darle y venga darle. Fíjate que al final terminó en el hospital.

Novia.-¿En el hospital?

Padre de la novia.-  Por los golpes. Mi padre me dijo que a las mujeres había que tratarlas con mano dura y así lo hice. Años más tarde comprendí lo que mi padre quiso decir con ese sutil lenguaje que le caracterizaba. Si hubieras conocido a tu abuelo, ¡era todo un poeta!

Novio.-(Que procura huir de la madre.) Bueno, ¿y si nos sentamos todos? ¿Y si charlamos mientras aguardamos la llegada de los demás invitados?

Padre de la novia.-Por supuesto, muchacho. Toma, sírvete un buen lingotazo. Vas a prometerte a mi hija y el alcohol te infundirá valor.

(El Padre de la novia le entrega un vaso lleno de coñac al Novio, que bebe de un trago.)

Novia.-Diles, diles a mis padres cómo es el anillo que me has comprado.

Novio.-Bueno, en realidad, yo no sabía que se esperaba de mí… El anillo… Creía que se trataba de una cena para conocernos simplemente, no supuse que…

Padre de la novia.-¿Cómo dices? ¿Te has presentado en mi casa, te has bebido mi coñac y te has refrotado  con mi esposa, y no has traído un miserable anillo de compromiso valorado en una cientos de miles de dólares para mi hija?

Madre de la novia.-¡Será hijo de puta!

Novio.-¡Calma señores! No se dejen impresionar por un malentendido…

Padre de la novia.-¡Qué malentendido! La cosa está muy clara.

Madre de la novia.-Mátalo, Ataúlfo, es igual que los otros.

Novia.-(Mientras se retuerce  por el suelo como poseída.) ¡No me quieres, no me quieres! ¡Me has deshonrado! ¡Canalla, mal nacido, seductor! ¿No recuerdas nuestra estancia en Alpedrete de la Sierra donde me juraste que te casarías conmigo? ¡Ahora comprendo que lo hiciste para seducirme y obtener de mí lo que querías!

Novio.-Pero si nunca he estado en Alpedrete de la Sierra… ¿De qué hablas?

Padre de la Novia.-Te voy a pegar un tiro y se acabo…

Madre de la Novia.-Voy llamando al forense.

Novio.-¡Un segundo! ¡Sosiéguense!

Madre.-(Al teléfono.) Necesitamos que acuda  con urgencia el cirujano Torcuato.

Novio.-¿El cirujano estético?

Novia.-¡También es forense!¡Y eso a ti que te importa!

Padre de la novia.-(Mientras apunta con un revólver al Novio.) Venga, ponte contra la pared que no quiero manchar la alfombra.

Novio.-¡Por favor, señores! El anillo lo he encargado a un prestigioso anticuario y todavía no lo ha recibido, por eso no lo he traído a la cena. Espero sepan disculparme.

Madre de la novia.-(Al padre.) Está mintiendo, mátalo. (Por el teléfono.)  Él ya tiene la dirección, por favor, ruéguele que se apresure.

Padre de la novia.-(Al Novio.) ¿Es eso cierto, muchacho? ¿No intentarás engañarme?

Novia.-(Que se recupera de inmediato de su ataque.) Entonces mi anillo perteneció a una princesa, o a una duquesa…

Novio.-Sí, sí. A una Zarina de todas las Rusias.

Madre de la novia.-¿De todas las Rusias?

Novio.-Sí, sí, de todas sin excepción.

Madre de la novia.-Entonces, eso ya es otra cosa.

(La Madre de la novia cuelga el teléfono.)

Padre de la novia.-(Que vuelve a servir una copa de coñac al Novio.) Toma, muchacho, emborráchate, todo queda perdonado.

Madre de la novia.-Por un momento pensé que necesitaríamos una peana para tu cabeza.

Novio.-¿Para mi cabeza?

Novia.-Bueno, fue un capricho mío.

Padre de la novia.-En la habitación contigua tenemos expuestas las cabezas de los ex-pretendientes de mi hija. En algún momento todos ellos la defraudaron… Pero para eso está aquí su padre. Allí las tengo colgadas como trofeos.

Madre de la novia.-Lo único malo es que atraen el polvo que da gusto y hay que limpiarlas a menudo.

Novia.-Sí, pero como de eso se ocupa el servicio.

(EL Padre, La Madre y la Novia ríen. Entonces entra de golpe del cirujano Torcuato con un maletín.)

Torcuato.-¿Dó está el enfermo, el herido o el cadáver?

Padre de la novia.-¡Mi buen amigo Torcuato! ¡No se moleste! ¡Ya está todo solucionado!

Madre de la novia.-Lo lamento, se trata de un lamentable error.

Novio.-Sí, un malentendido, de esos que a veces ocurren en la vida.

(El doctor extrae del maletín instrumental para  autopsias y perforar cráneos.)

 

Novia.-Por cierto, quería hablar con usted porque me casaré pronto.

 

Torcuato.-(Distante.) Mi más sincera enhorabuena. Ya sabes que te haré un sustancial descuento en las operaciones estéticas como deferencia a la amistad que me une con tu familia. Y ahora, ¿dónde está el enfermo o lo que sea?

 

Madre de la novia.-Al final todo se ha solventado por las buenas.

 

Torcuato.-Señora, no me haga enfadar. A mí me han avisado de la necesidad de mi presencia inmediata en esta casa. ¡Y aquí estoy!

 

Padre de la novia.-Te conozco desde hace años, Torcuato. Sé que eres un hombre serio, recto y consecuente, como corresponde a tu formación de médico, pero, en esta ocasión, todo se ha solucionado por sí mismo.

 

Novio.-Así es, sin necesidad de violencia.

 

(Silencio. Torcuato escruta con la mirada al Novio.)

 

Torcuato.-Este era el pájaro a tratar ¿no es cierto?

 

Madre de la novia.-En principio sí, pero ya no es preciso.

 

Torcuato.-(Gritando.) ¡Yo he venido aquí a realizar una intervención quirúrgica o, en su defecto, una autopsia, y no me marcharé sin finalizar lo que he venido a hacer! ¡Estamos o no estamos!

 

Novia.-Sí, sí estamos.

 

Padre de la novia.-(Al  Novio.) Cuando se pone así es mejor dejarle. Es su único defeco. El carácter le pierde.

 

Novio.-Ya lo comprendo. Pero no le permitirán que me haga daño. ¿Verdad?

Novia.-Claro que no, pichoncito.

 

Torcuato.-(Con un bisturí en una mano y unas tijeras para partir huesos en la otra.) Venga, agarren al interfecto.

 

(Entre La Madre, El Padre y la Novia empujan al Novio al suelo y lo sujetan.)

 

Novio.-Pero señores, por favor, que estoy vivo.

 

Padre de la novia.-No te preocupes hija, ya sabes cómo es Torcuato. Si le da por una cosa…

 

Madre de la novia.-Ya encontrarás a otro hija…

 

Novia.-Ya lo siento, porque con lo que éste había heredado…

 

Torcuato.-Vamos allá. Que el paciente cierre los ojos.

 

Novio.-Pero ¿qué ojos ni qué leches? ¡Suéltenme de inmediato!

 

Torcuato.-¡Qué descarado!

 

(Torcuato introduce las tijeras y el bisturí alternativamente en el cuerpo del Novio. La sangre brota y se escuchan los gritos del joven.)

 

Torcuato.-¡Qué hermoso y complejo es el cuerpo humano!

 

(Los tres asienten.)

 

TELÓN

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