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Una semana con Ramón, V (Ramón y las greguerías)

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Pablo Neruda en sus memorias: "Ramón Gómez de la Serna es para mí uno de los más grandes escritores de nuestra lengua, y su genio tiene la abigarrada grandeza de Quevedo y Picasso". Muchos fueron los que para atreverse a decir tanto y más, lo que Ramón se merecía plenamente, tuvieron en cuenta esa forma de género aforístico que inventó el propio Ramón: la greguería. Si bien esta fórmula contribuyó a  su fama y le procuró un lugar destacado en la poesía, lo cierto es que para los menos avezados Ramón que quedó sólo, aunque de por sí no sea poco, en el creador de esta fórmula. El propio Ramón la definió como humor + metáfora. A los años vinieron para postre los peros, que si se trataba de aforismos como los de Jules Renard, que si esto que si aquello. En todo caso escriban los lectores la palabra greguería en un buscador y verán qué pasmo. Lo cierto es que en ocasiones Ramón compuso libros, da igual el género al que pertenecieran, ya fuera este la novela o el ensayo, con "Greguerias" cual si se tratara de teselas que al unirse compusieran un mosaico. Algunos esto se lo han tomado mal y lo han citado como un defecto, en mi caso mi intención es la contraria.

Luis Cernuda escribió sobre la trascendencia poética de esta forma de escritura ramoniana.


Acaso extrañe la inclusión de Gómez de la Serna en un estudio sobre la poesía contemporánea. Si el verso dramático queda excluido siempre de nuestras antologías poéticas (aunque con el verso mejor que Lope escribiera es su verso dramático), hasta el punto de que uno de los mayores poetas españoles, Calderón, por no haber escrito otra forma de verso que el dramático, apenas si figura en dichas antologías (…)  En la visión y lenguaje poético que caracterizan, si no todos, algunos de los poetas entonces jóvenes, al menos en la etapa primera de su labor, se observa una influencia evidente de aquella visión de la realidad introducida en nuestra literatura por Gómez de la Serna bastantes años antes, hacia 1910, cuando todavía el modernismo parecía regir nuestros destinos literarios. Y es que entre la literatura modernista y la que hacia 1920 se llamaría literatura nueva, no hay entre nosotros obra más llena de originalidad, originalidad de pensamiento y expresión, que la de Gómez de la Serna; estando además representados en ella todos o casi todos los intentos renovadores de los movimientos literarios diversos ocurridos por aquellas fechas fuera de España, y eso no por imitación, sino por coincidencia. Conviene aclarar un punto: aunque en la obra de Gómez de la Serna hallemos un propósito equivalente al de dichos movimientos literarios europeos, desde os inmediatamente anteriores a la guerra del 14 hasta los posteriores a ésta, quedan, sin embargo fuera de su alcance el dadaísmo y el superrealismo: es decir, los aspectos rebelde y mágico que animan respectivamente a dichos dos movimientos, los más cercanos a nosotros en el tiempo y los más importantes.

(…) 

El ingenio pues, es la facultad, que crea la Greguería, y ésta el eslabón donde se engarzan todos los escritos de Gómez de la Serna, ya sean simples coleccións de Greguerías, ya sean, como su teatro, novela y crítica, un compuesto de Greguerías. Y como la Greguería se integra en una imagen o una metáfora, y éstas (observadas desde el especial ángulo visual del propio autor, como luego trataremos de indicar) no sólo fueron una parte importante, sino un todo, principalmente la metáfora, en los versos escritos por muchos poetas españoles hacia 1925, ello justifica el comentario previo a lo que la Greguería es y lo que su hallazgo representó en un momento de nuestra poesía.

 (…)

Pero veamos ahora cómo ciertos versos de los poetas de la generación de 1925 semejan a sus Greguerías, al menos los escritos en aquellos años entre 1920 y 1930, cuando se hablaba mucho de "cazar metáforas"; en dichos versos la realidad está observada, como dijimos, desde el ángulo visual peculiar de Gómez de la Serna, quien enseñó a no pocos de aquellos poetas a mirar y a ver. Ilustran lo que digo fragmentos de frases en verso como estas:


Radiador, ruiseñor del invierno. (Guillén)

 

Rosa… la prometida del viento (Salinas)


La guitarra es un pozo

con viento en vez de agua (Diego.)


Su sexo tiembla enredado

como pájaro en las zarzas. (Lorca)


Cuando la luz ignoraba todavía

si el mar nacería niño o niña. (Alberti)


El eco del pito del barco

debería de tener humo. (Altolaguirre)


Y no insisto: me parece que, como ejemplo, los versos citados son concluyentes, y el lector, si sigue el rumbo que le marcan, puede espigar otros semejantes, comparándolos con la Greguería.


Luis Cernuda 

Gómez de la Serna y la generación poética de 1925 (1957)

 

Y precisamente como colofón a esta entrada no incluiré como ejemplo ninguna Greguería pues son tan famosas y sencillas de encontrar en cualquier parte que sería por mi parte una vulgaridad, además de una concesión muy rastrera a lo que todos esperan de una nota como la presente.

 

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