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Una semana con Ramón y VII (Ramón)

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Se ha abusado en manuales de la frase “su obra equivale a toda una literatura”, pero pocas ocasiones tendremos de emplearla con tanta justicia como en el caso de Ramón Gómez de la Serna (Madrid, 3 de julio de 1888–Buenos Aires, 13 de enero de 1963).

Hijo de un jurista, la personalidad, la vida de Ramón constituye un ejemplo de lo poco que puede hacerse cuando la vocación literaria y poética retumba en un alma.

Publicó Ramón con 17 años según algunas biografías, con 15 según refiere el mismo autor en el prólogo de su libro Pombo,  el título Entrando en fuego. Se ocupó él mismo de su distribución por Madrid. Cuando pasado un tiempo prudencial volvió a las librerías para sumar o restar las ventas del título descubrió que, en la mayoría de los comercios, ¡ni siquiera habían desempaquetado los ejemplares! (Esa misma hermosa experiencia, aunque ahora no venga a cuento y sin querer uno situarse uno a la altura del gran Ramón, la sufrió quien este escribe en sus cárnicas carnes. También coincidimos ambos en la edad: él con quince o dieciséis y un servidor con diecisiete.)

En 1910 bajo pecunia paterna, es decir, que tras la tortura constante del hijo con vocación de escritor sobre un padre agotado, amanece la revista Prometeo bajo las órdenes de Ramón. Según Miguel Pérez  Ferrero: “En esa revista nace la Greguería”.

El intento de clasificar y definir al género de la greguería ha ocupado miles de páginas, tanto del propio autor, como de sus contemporáneos y de los inevitables forjadores de la ortodoxia que alcanza la categoría de materia de estudio. Por mi parte prefiero señalar un par de ejemplos de las mismas: “El rebuzno es un suspiro frenético” y “Los pájaros de pico largo parece que se están fumando el cigarro de su pico”. No piense el lector que he buscado a conciencia los ejemplos, sino que he preferido seleccionarlos bajo el método tan dadaísta de abrir al azar las páginas de un libro donde se incluían una agrupación de las mismas. Con el tiempo esta forma de expresión se convertiría en la máxima representación del autor para los manuales y a los lectores de prensa. El sistema de la greguería lo llevó también a la novela y así “inventó” esa forma suya de novelar donde la acción y los personajes avanzan a golpe de greguería. Véase por ejemplo las novelas El torero caracho o El hombre perdido.

Cuando la editorial Circulo de lectores/Galaxia Gutenberg se propuso, en los años 90 del siglo pasado, la publicación de la Obra Completa de Gómez de la Serna muchos, incluso algunos de los que supervisaban la obra, sonrieron con indulgencia… Ramón escribió tanto y en tan variados soportes, incluso en las revistas más inverosímiles, que la idea de agrupar los escritos “completos” resulta más una aspiración que una realidad. Ramón fue una máquina de escribir.

 

Si tienes la osadía de seguir leyendo mi artículo puedes hacerlo en el siguiente enlace de mi "otro blog" de la revista Generación.net:

http://raulherrero.blogs.generacion.net/ramon


 

 

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