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Enrique Villagrasa escribe sobre "La manzana o el vértigo" de María Pilar Martínez Barca

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Fundidos en éxtasis y lenguaje

Una lírica íntima es la clave del nuevo poemario de Martínez Barca

 

 

De poesía íntima o coloquial podríamos denominar la que escribe María Pilar Martínez Barca en La manzana o el vértigo (Libros del Innombrable), tal vez nos recuerde más a Manuel Altolaguirre que a otros, y que ya iba siendo hora de esta reivindicación, pues se puede decir que, al igual que dijera de él Cernuda, lo mismo se puede decir de Martínez Barca: Era (es) un(a) poeta de íntima espiritualidad, cosa que se ha ido haciendo rara en la actual poesía española, humanismo, dotado de otro don poético. Es un texto de 1962, éste que cito de Cernuda, que bien vale para hoy al hablar de María Pilar, pues creo que sigue vigente esa rareza.

Pues bien, en apenas setenta páginas la autora es capaz de velar y desvelar sombras, es capaz de con las frutas que se cultivan en la ribera del Jiloca: cerezas, manzanas, ciruelas, almendras, fresas y membrillos, por ejemplo, crear recrear la memoria de vuelto alto de Juan de la Cruz, o recrear La destrucción o el amor (1934) de Aleixandre; o lo que es lo mismo en cuarenta y cinco poemas más bien largos y unos pocos breves, pero de gran intensidad: y que si hubiera o hubiese que cerrar en dos serían los siguientes: Está encelado el mar, como todo mi ser / en el rescoldo hirviente de tus labios. (pág. 48).

No obstante la poeta con un delantal de bordados exquisitos, léase prólogo de Antón Castro o la exaltación del amor y el éxtasis, viste su poemario en cinco estancias: Los manes de la casa, Vestíbulo, Galería del alba, Habitaciones íntimas y En el cuarto de atrás. La poeta explica al lector que ella está enamorada de él hasta el fondo de su existir, el de él que es de pies de barro y no tiene dónde caerse vivo; pero, lo persigue (así es el amor) porque sabe que es un camino sin retorno. Los dioses benévolos de la casa sí saben qué es el amado y por él hacen la apuesta clara y gozosa. Aquellos versos de Juan de la Cruz: Y pues me lo has robado, / ¿por qué así le dejaste, / y no tomas el robo que robaste? Y el lector observará que el yo poético de la autora desciende lentamente hacia sí misma y nada más necesita para cantar la luz en una sociedad como la nuestra que premia la apariencia y no el silencio contemplativo. También encontramos en nuestra lectura ecos eróticos sublimes donde sembrada de rocío en su témpano virgen (pág. 33) y con ecos de la sabiduría ancestral y gozosa de los japoneses: De mi savia a tu tallo / no hay orillas (pág. 33) o mientras que degustamos las cerezas de invierno (pág. 59), porque permite la búsqueda gráfica en el poema y en tanto que poesía escrita es de una variedad intencional sorprendente con sugerencias específicas de belleza, soledad, tristeza, según los diferentes valores evocativos de los versos.

Son poemas de carácter visual, que expresan la gran maestría de la autora en los poemas largos, porque la poeta desea consagrarse  a sus caricias, incluidas las del verso, (págs. 36-37). Pues qué son estos versos evocadores de la esperanza por el amado, ahora le toca decidir a él: Gustamos las manzanas ya maduras / en la estación temprana de los sueños. / Ahora todo queda en esperanza. (Pág. 81)

 


Enrique Villagrasa

[Reseña publicada en Artes & Letras, suplemento cultural de Heraldo de Aragón. 14 de enero de 2010.]

 

Si el lector llevado por una desmedida pasión desea adquirir el libro puede hacerlo sin más tardanza:

http://www.librosdelinnombrable.com/novedades/novedades.asp



 
 Descripción: María Pilar Martínez-Barca es todo un ejemplo de dedicación a la poesía. Todo cuanto toca está impregnado de poesía. Escribe desde muy joven, acaban de cumplirse hace poco 20 años de su primera publicación Epifanía de la luz, y siempre ha mostrado una gran sensibilidad y una vena mística, que une a Dios y a la naturaleza. El tema central de su lírica es el amor. El amor como forma de viaje. El viaje como tránsito hacia la espiritualidad. El amor y la espiritualidad como cimas de una única montaña, a la que aspira, hacia la que siempre está en camino. Los libros de María Pilar Martínez Barca son más bien poemarios de exaltación. Libros que recuerdan un instante irrepetible como Historia de amor en Florencia (1989), la magia de las pequeñas cosas y de la luz como sucedía en Flor de agua (1994) o el madrigal puro a la pasión y a la amistad en Se está bien aquí. Diario de una amistad (2002) y El corazón en vilo (2005). María Pilar posee un apetito de felicidad y de alegría, y la encuentra en los pequeños gestos de cada día, en las aventuras de la imaginación, en las palabras hermosas y, sobre todo, insisto, en el amor. La manzana o el vértigo es un libro exultante. De poderosa evocación, de intenso erotismo. En su punto de partida están Teresa de Jesús, Sor Juana Inés de la Cruz y San Juan de la Cruz: esos poetas que intuyeron la convivencia de la carne y el alma, del cuerpo codicioso de caricias y del misterio. Y otro poeta más: Vicente Aleixandre, que escribió: "Amaba // alguien sin antes ni después. Y el verbo // brotó". Este fragmento acompaña, en el pórtico del volumen, a otro de San Juan de la Cruz, y alude al amor como forma de conocimiento, a la palabra fecundada. Antón Castro
 Fecha de publicación: Noviembre 2009
 Edición: 1º
 ISBN: 978-84-92759-09-5
 Depósito legal:
 Precio: 12 €


 

03/03/2010 22:35 Raúl Herrero Enlace permanente. sin tema

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