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Raúl Herrero

La princesa galesa en calesa (o Julián Ríos y la princesa de Gales)

La princesa galesa en calesa (o Julián Ríos y la princesa de Gales)

Puente de Alma.
Julián Ríos
Galaxia Gutenberg/ Círculo de Lectores, Barcelona 2009.

Con su atinada capacidad para la observancia Carl T. Dreyer escribió en 1922: “Es preciso que los autores que tienen la posibilidad escriban directamente para el cine”. El tiempo le dio la razón a Dreyer. Pero lo que no suponía el director, en una vuelta de tuerca, eran a la narrativa y la novela presas en un campo de pruebas del cine. Es decir, no me refiero a la escritura de guiones por parte de autores, sino de la invasión de narradores que redactan sus novelas con la vista puesta en el cine y, sobre todo, en los posibles beneficios que tal asunción les puede suponer. No se trata de un intento de trasladar técnicas cinematográficas a la narrativa, como hiciera, por ejemplo, Vicente Huidobro en Cagliostro, sino de una escritura con los márgenes de lo visual, en las que las palabras se transmutan no en oro sino en un mecanismo vacío. ¿A qué nos conduce esta “manía” de los narradores hoy? Lo describe a la perfección el siguiente extracto de la novela Defensa de Montjüic por las donas de Barcelona de Federico González Frías: “…la narrativa moderna verdadera, la auténtica, no se propone contar desde un punto de vista lineal con predominio de lo psicológico, como es el modelo chato de lo literal y de la literatura infantil para adultos actualmente de moda…”. Esta tendencia, a lo que podríamos calificar como de “embrutecimiento”, nada que ver con el art brut, se resume en el sopor que se apodera del lector. Por otro lado, en el extremo contrario, por fortuna, también encuentro un buen número de escritores en los que se encuentra la esperanza de la literatura del futuro y en los que confío para que mantengan la antorcha de las almas de buena voluntad.

Entre los segundos, entre los que no toman al lector por idiota, entre los que nos desafían, al tiempo que poseen la capacidad de acometernos con historias subyugantes (aunque esto último tampoco resulte imprescindible) se encuentra Julián Ríos. No citaré a otros autores por los que siente idéntica afición como Fernando Arrabal o Antonio Fernández Molina, Milan Kundera, o las novelas de Francisco Nieva, por no herir susceptibilidades.

Nuestro autor se inició en el mundo de la literatura con Larva, un clásico, que viene a ser como si diéramos a un recién nacido una vaca de aperitivo… No entraré en esta obra admirable, ni en el resto de sus trabajos, pero sí manifestaré que devoro, con la absoluta falta de comedimiento que me caracteriza, todas sus entregas. A continuación me centraré en la obra que hoy nos ocupa, la reciente: Puente de Alma.

 

Si tienes la osadía de seguir leyendo el artículo  puedes hacerlo en el siguiente enlace de la revista Generación.net:

http://www.generacion.net/la-princesa-galesa-en-calesa

 

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