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Raúl Herrero

Entrevista al poeta Martín Marcos (con dos sonetos de propina)

Entrevista al poeta Martín Marcos (con dos sonetos de propina)

(En la imagen superior fotograma de la película El séptimo sello (1957) de Ingmar Bergman.)

Al poeta Martín Marcos lo conocí de la mano de Fernando Arrabal. Vive en Vilviestre, un pequeño pueblecito de la provincia de Burgos, en una casa cuyos cimientos se remontan al siglo XVI, acompañado por unos 5000 libros. Martín se dedica en cuerpo, corazón y vida al disfrute del ajedrez y de la poesía. Escribe unos sonetos extraordinarios y, si la situación y el momento lo precisan, su boca los arranca a bocados, con la misteriosa sonoridad de su voz. Mientras se ocupa en estas nobles tareas, también asume el ejercicio de diversos oficios en su pueblo natal con el único propósito de matar el tiempo. Martín Marcos ha accedido a que le realizara la siguiente entrevista y, para postre, me ha remitido dos de sus sonetos para los lectores de este blog. En la actualidad, inspirado por los aforismos Musgos de Antonio Fernández Molina, se ocupa en la escritura de sus propias sentencias, a las que denomina Astillas, quizá por su condición de leñador y de incansable husmeador de la naturaleza. Acompaña a Fernando Arrabal siempre que puede por EE.UU., España, Italia y esos mundos.


P-¿Qué fue antes la poesía o el ajedrez?
R-Son dos manifestaciones artísticas, pero la poesía quizá se descubrió antes al escuchar su voz interior.
P-¿Recuerda a Los chiripitiflaúticos?
R-Si. Era un programa infantil que se emitía por las tardes, donde aparecían: Locomotoro, Valentina , el Capitán Tan, el tío Aquiles y los hermanos Malasombra... Pero como niño rural y de bosque prefería correr por el campo y jugar con los amigos o subirnos a los árboles...
P-¿Dónde se escribe un poema?
R-Se graba en el pensamiento y se refleja en el papel; es la representación de lo que ya ha sucedido.
P-¿Recuerda cuál fue el primer poema que leyó?
R-En la escuela me impresionó mucho " El Conde Arnaldos" que empezaba:
“Quién hubiera tal ventura sobre las aguas del mar...” y terminaba de una forma muy enigmática: “Yo no digo mi canción sino a quien conmigo va”. Y también me aprendí de memoria un soneto de Lope de Vega que empezaba:
¿ Qué tengo yo que mi amistad procuras
Que interés se te sigue Jesús mío
Que a mi puerta cubierto de rocío
pasas las noches de invierno a oscuras etc....
Pero la gran seducción poética fue con una antología poética de Miguel Hernández; aquello no era tedioso ni aburrido como casi todo lo de la escuela.
La poesía parecía una música de los ángeles que descendía a tu imaginación.
P-De entre los momentos que ha vivido en sus viajes con Fernando Arrabal ¿Cuál recuerda con especial emoción?
R- Fernando Arrabal tiene el don de magnetizar lo que le rodea y expresarlo con humor y dulzura. Todos los viajes con F. Arrabal han sido como una especie de viajes iniciáticos hacia la enseñanza, la belleza y la amistad entre los miembros de la Liga de Poetas; nos hemos visto en Burgos, Cuenca, Madrid, Barcelona, Córdoba, Sevilla, La Toscana o Chequia... pero si he de decir uno, me quedo con el viaje a Nueva York y Chicago, al dar el salto cualitativo y oceánico.
P-¿Qué relación establece entre la poesía y el ajedrez?
R- Para mí son dos expresiones apasionantes. En la poesía lees y escribes; en el ajedrez mueves y esperas. Tanto en la poesía como en el ajedrez se busca la perfección por medio del pensamiento, la belleza o el sentimiento, y para hacerlo hay que atravesar arduos caminos con sacrificio y resistencia, y otras veces los senderos son lúdicos, llenos de musicalidad y alegría contenida en el rostro. En las dos existe una apertura, un medio juego y un final. En el ajedrez se busca el jaque mate, pero enseguida se empieza otra, por eso nos suele comentar Arrabal lo que decía André Bretón: ¡Ahí está Duchamp con su eterna partida de ajedrez! En el fondo también pudiera haber dicho: ¡Ahí está Rubén Darío con su eterno poema...! La vida es corta, y el arte es largo diría Antonio Machado, y además no importa.
P- En su pueblo en verano se contempla la Vía Láctea con claridad y...
R- Sí. En mi pueblo las noches de verano son estupendas, por ejemplo en la semana del diez al quince de agosto, por San Lorenzo, puedes pasear casi como los peripatéticos, y al salir del pueblo y en la oscuridad, puedes sentarte o tumbarte y ves a la perfección todo el camino de santiago o Vía Láctea; ves todo ese polvillo blanco dispersado como un inmenso arco en la constelación, y puedes ver además: treinta, cuarenta o cincuenta estrellas fugaces en no demasiado tiempo. La verdad es que los cielos en verano aquí en Vilviestre, son estupendos, y uno se regodea y se va feliz a la cama.
P- ¿Qué podría hacer el mundo por mejorar? (Por favor no incluya doctrinas de rebaños, ni de ideólogos inquisidores.)
R-En los paseos con Fernando Arrabal, a veces, no queda más remedio que ver cómo está el mundo, tan absurdamente desproporcionado de hambre y saciedad; de libertad y esclavitud...y entonces pensamos que se necesita un sólo gobierno mundial regido por santos laicos que impongan la buena voluntad y convierta este mundo en algo más acorde al pensamiento y los nuevos tiempos que se esperan del siglo veintiuno.
P- ¿Dios?
R- ¿El qué? ¡Ah,la eternidad!
El universo es sagrado, la eternidad espera al que ha nacido, pues lo que existe, existirá siempre, y lo que no existe, no existirá jamás.
P-La poesía y la verdad…
R- Los filósofos buscan la verdad; la poesía seduce metafóricamente, y lo que escribe, puede interpretarse en diferentes verdades o mentiras; Tú verdad, no la verdad. La verdad absoluta creo que se nos escapa.
P-En el cine la poesía se oculta bajo el ala de...
R- Es evidente que el cine tiene poesía. Yo encuentro poesía en las tres K ( no Karpov, Kasparov, Kramnik) sino en Kusturica, Kaurismaki y Kierostami. Afortunadamente ha habido grandes maestros del cine que nos emocionan en determinadas secuencias o gags, desde Chaplin hasta el cine Mexicano o Africano, etc.
P- ¿Recuerda el programa Un, dos, tres?
R- Ha habido muchos, yo me quedo con el que presentaba Kiko Ledgard y los cicutas con Valentín Tornos. Yo era un niño pero, a decir verdad, no lo veía demasiado, me parecía un poco infantil.

 

 

 

 

 

 

 

Portada del libro de Arrabal Éxitos y fracasos sobre el tableroPortada del libro de Arrabal Éxitos y fracasos sobre el tablero

 

Dos sonetos de Martín Marcos:

FANDO

Vino a París como un sueño de Fando
Lleno de fe, del ser que vio a María
Vino con luz, pues todo en él lucía
Y por insignia el buque de Lepanto.

Atrás quedo el dolor, penas y llanto
Era la paz la flor que allí nacía
Era el dulce cantar que cantaría
Sin miedo, sin temor y sin quebranto.

Sueña que al soñar ya está soñando
Lo helicoidal que Heráclito intuía
Como eslabón, memoria o como un santo.

¡Qué arrabal de palabras se diría
Paseando por Venus con tu lira
Y el arco dio en el centro de Fernando!

SURGIA COMO UN PRONTO LA ALBORADA

Surgía como un pronto la alborada
Abocada al final la negra noche
Yacía y consumía su derroche
Atisbaba de luz la madrugada.

Surgía y abocaba la morada
Yacía y atisbaba sin reproche
Crujir se oía en llanto al alimoche
Perdido al frío amor de la nevada.

Mi corazón en absoluta calma
Atónito al fluir introspectivo
Tornábase abocado hacia su alma.

Delirio subyugado y subjetivo
Que en súbita razón así lo empalma
Como justo existir lo que está vivo.
Enero 2006

 

Si alguien desea ponerse en contacto con Martín Marcos puede hacerlo en el siguiente correo: martinmarcos26@yahoo.es

La pintura (Félez) y la poesía (Martín Marcos) en danza

La pintura (Félez) y la poesía (Martín Marcos) en danza

(En la imagen superior pintura de Fernando S. M. Félez.) 

El pasado 7 de octubre se inauguró la muestra retrospectiva del pintor Fernando S. M. Félez en la sala de Torreón Fortea de Zaragoza. A las 12 en punto, con esa donosura meridional de los domingos en ramos, se acercaron hasta la exposición amigos, admiradores y curiosos. Rafael Ordoñez nos aguardaba a las puertas de la sala y, por extensión, del departamento de cultura del ayuntamiento donde se encuentra emplazada. Viramos por la muestra cual peces en un acuario.

Los amigos no se hicieron esperar. Llegaron Luis y Mariano Berdusán (éste último traductor de Hölderlin); Carmen, la asistente de Arrabal durante el estreno de El Arquitecto y el Emperador en Barcelona, acompañada de su madre; María José, amante del arte y de los arenques con una exposición en ciernes; Eusebio, el fotógrafo meridional y heliocéntrico; José Antonio Conde, exiliado poeta y domador de fieras, con su hijo; Pedro y Beatriz, recolectores de símbolos; el amigo y crítico Alejandro J. Ratia y el joven poeta de ochenta y tantos años Mariano Esquillor y además de ciertos desconocidos enigmáticos.

“Me han relatado algunos detalles sobre su vida y es usted un héroe”, afirmó el pintor Félez cuando conoció a Esquillor. El poeta sonrió y dijo que no era para tanto. Sin duda, Félez se refería, entre otras cosas, a la perseverancia y constancia que ha demostrado Esquillor en las labores poéticas a pesar de atropellos, dificultades y algunos tropezones, tanto en lo literario como en lo vida. Nuestro poeta se aproximó a Pedro y le preguntó: ¿Aquí servirán tequila?

Fernando S. M. Félez conversó con Alejandro Ratia sobre sus influencias, su pasión por la pintura simbolista y por algunos aspectos de la surrealista. “Magritte mantiene algunos detalles románticos en su pintura, sin embargo otros como Delvaux o Matta se manifiestan más afilados”, añadió Félez.

“En sus cuadros encuentro auténticas alegorías. Sin duda sus obras me inspirarán un poema”, comentó Conde al pintor. Félez sonreía, se fotografía con varios de los presentes en la muestra y no dudó en comentar algunos de sus lienzos.

Una cabina en mitad del desierto, un músico que interpreta una partitura en la soledad de una duna, “El David” de Miguel Ángel de vacaciones por París, mujeres desnudas en entornos crepusculares, fuentes neoclásicas invadidas por bidones de gasolina, el amor imposible de una sirena y un hombre con cabeza de pez…

Mientras se sucedían las pinturas y los invitados imaginaba un suelo formado por pastillas de jabón. ¡Qué rápidos nos moveríamos de un extremo a otro de la sala!

Un hombre, con un cachirulo sobre los hombros, no sé si por el entusiasmo que le procuraban las fiestas o porque, a falta de una rebeca, se cubría los hombros de las corrientes de aire, mencionaba escandalizado:” ¡Qué pocos pintores de Zaragoza han venido a la inauguración!” Este mismo hombre con la lengua algo trabada repetía a Félez: “Me ha gustado mucho, mucho. Yo abandoné la escuela de bellas artes, ¿sabe?”

Pasados los días y se aproximó a Zaragoza, desde su pueblo de Burgos, nuestro amigo el poeta y leñador Martín Marcos. Nos encontramos en las terrazas sobre las que se abalanzan los turistas y los autóctonos embriagados por la fiesta y también por el alcohol. En una de nuestras sesiones Félez nos cuenta la historia de un imbatible jugador de ajedrez que, a menudo, se enfrentaba con Fernando Arrabal en el París de los años cincuenta. Este hombre, con figura propia de El Greco, decidió romper con su amante, una arquitecta. Al parecer esta mujer aceptó el desplante a cambio de una última noche. Una vez en casa ella emborrachó al seductor y, cuando se aseguró que dormía, le quitó las llaves de su apartamento. Tras introducirse furtivamente en la casa, la mujer despechada asesinó a golpe de martillo a la esposa y la hija de su amante. Aquella historia nos transfiguró.

En mis diarios de Jünger leo que, tras la muerte de su hijo en el frente de Italia, el escritor se adentró en la habitación de su primogénito. Allí Ernst Jünger en un cuaderno de su hijo leyó: “El que más lejos llega es el que no sabe adónde va”.

Martín visita en la Casa de Amparo al poeta Mariano Esquillor. Durante la conversación tratan del soneto, de la décima y de sus metros favoritos. También reluce la presencia de Juan Ramón Jiménez. Al final Esquillor recomienda a Martín que busque su propio camino, que se aleje de los poetas a los que admira.

Con Martin Marcos, Félez y María José recorremos los estanques, las estanterías y las porterías de la ciudad. Mi amigo Martín lamenta que tenga que regresar a Burgos a su vida cotidiana. Félez aguarda que se recupere su esposa de un percance para regresar a su casa en el Ampurdán y seguir con su frenético trabajo.

Antes de despedirnos conversamos sobre temas fundamentales: el principio de entropía, el idealismo, los chinos y los hermanos Marx.

 

Exposición Fernando S.M. Félez

Lugar:
Torreón Fortea (Zaragoza)
Horario:
Laborables de 10 a 14 y de 17 a 21h. Festivos de 10 a 14h. Lunes cerrado.
Fecha:
Del 6 de octubre al 25 de noviembre de 2007

Reseña de Pilar Quirosa-Cheyrouze sobre 9.5 Punto de no-retorno

Reseña de Pilar Quirosa-Cheyrouze sobre 9.5 Punto de no-retorno

(Pilar Quirosa-Cheyrouze ha publicado en la revista Foco Sur (agosto, 2007) una reseña sobre mi último poemario: 9.5 Punto de no-retorno. Desde aquí le agradezco sus palabras y su trabajo. A continuación reproduzco el texto de la reseña para mis impenitentes lectores.)

 


El escritor Raúl Herrero (Zaragoza, 1973), realiza un nuevo ejercicio literario, incluido en el ciclo poético en torno al número 9 y prologado por Marta Agudo. El poeta zaragozano, vinculado al postismo y a la fuerza de la palabra –junto con el recordado Antonio Fernández Molina y el escritor Fernando Arrabal, a quienes el autor ha prologado en varias ocasiones-, hace de la entrega poética una apuesta alta por la existencia, pese a su transitoriedad, sus intrigas, sus avatares, y sus derrotas, bebiendo de la fuente del conocimiento, sorteando abismos, sabiendo donde se encuentra la verdad y su conjunto: “ La vida, al igual que la gloria, concluye, / la tristeza permanece”, abriendo el camino a la evocación, al cómputo de la memoria, a los días que no regresan, ese reloj inclemente que marca las horas. El autor de poemarios como “El mayor evento”, “El faro de Sigfrido” y “Oficium deffunctorum”, libros de relatos como “Así se cuece a un hombre” o ensayos como “El éxtasis”, desarrolla una gran actividad cultural, tanto al frente de las ediciones zaragozanas de “Libros del Innombrable”, como desde su interesante faceta como creador plástico.

Pilar Quirosa-Cheyrouze

 

(Ciclo del 9 -9.5 Punto de no-retorno- Raúl Herrero, Libros del Innombrable, Zaragoza, 2006.Prólogo de Marta Agudo ISBN-10: 84-95399-72-5 ISBN-13: 978-84-95399-72-4)

 

Las espuelas y la carne

Las espuelas y la carne

 

(En la fotografía superior el pintor Boix y el escritor Fernando Arrabal.)

Durante la cena que siguió a la conferencia el presidente del Círculo Ecuestre de Barcelona preguntó a Fernando Arrabal: “¿Cómo se ve la política española desde Francia?” El escritor permaneció unos segundos de silencio y espetó: “¿Me lo pregunta usted en serio?”. El presidente respondió con una afirmación. “Hace unos días, siguió el dramaturgo, me contaron que en un museo todas las mujeres se sacaron el pecho como protesta porque a una señora la habían expulsado del reciento porque daba de mamar a su hijo en público. Mientras en otros países se mueran de hambre ese tipo de actividades me parecen una tontería. ¿Qué importancia puede tener la política en España, o en Francia o en cualquier otro país? El capitalismo y la política, según ahora la entendemos, pronto desaparecerán. Es necesario un gobierno mundial que reparta la riqueza. Los problemas no pueden tratarse todavía por grupos, por naciones o por pueblos, los problemas deben solucionarse desde la globalidad.

De nuevo el silencio.

 

(Había llegado al Círculo Ecuestre ese mismo día. Esperamos, el poeta Martín y yo, a Arrabal en un salón privado en el que nos obligaron a ponernos chaqueta y corbata. ¡Qué suerte! Cuando llegó Arrabal un hombre muy simpático, con modos suaves y firmes, como los revolucionarios más distinguidos, pidió al escritor que también se enfundara en una chaqueta. Arrabal dijo:¡Por favor suminístreme una pero ¡qué sea bien grande!. Entonces recordé que la película Sombrero de Copa, protagonizada por mi venerado Fred Astaire, también comienza en un club de esa categoría. Un caballero se levanto de su sillón y pidió a Arrabal un autógrafo. Algunos son lo que son mientras otros son los adjetivos que tienen para calificarse.)

Arrabal, durante la cena, prosiguió: “En los años sesenta visité a mi amigo Antonio Fernández Molina en un pueblecito de unos 100 ó 200 habitantes como mucho, llamado Alpedrete de la Sierra, donde trabajaba como maestro. Entonces yo acababa de regresar de mi primer viaje a Nueva York. Me costó más tiempo el viaje de París a este pueblo que de la capital francesa a Nueva York. La última parte del trayecto la tuvimos que hacer, mi esposa y yo, montados en mulas. Cuando llevaba unos días en Alpedrete entramos en lo único parecido a un bar o a una cafetería que existía en el lugar. Entonces, el hombre que atendía el lugar nos preguntó: ¿Están ustedes veraneando en Alpedrete? A lo que respondimos que sí. El lugareño continuó: Pero han hecho ustedes muy mal porque se han alojado en la parte baja del pueblo, donde sólo hay gente de mal vivir. La próxima vez que vengan les aconsejo que se instalen en la parte alta, porque todo es mucho mejor, somos hombres más educados. ¿Qué se puede esperar del hombre mientras se maneja en esos parámetros?, preguntó Arrabal.

(¿Qué concepto supera en cretinismo a la idea de considerarse mejor (o incluso superior) por el lugar de nacimiento?, se preguntaba un servidor a los postres.)

El poeta y leñador Martín Marcos y quien esto escribe asistíamos complacidos a la cena y ante las declaraciones de Arrabal sentimos una extraña satisfacción.

El encuentro se había organizado en torno a la inauguración de la muestra del pintor cubano Boix en la Galería José de Ibarra. Al día siguiente, tras la puesta de largo de la exposición, el galerista, un hombre afable y entusiasta del arte, nos invitó a un nutrido grupo de coleccionistas y amigos, a una cena que tenía por anfitriona a doña Carmen Robert. En aquella casa con siete pisos de altura y habitaciones laberínticas nos fuimos perdiendo uno a uno los asistentes. Cuando ya confundía los rincones de mi mente con los de aquella casa me encontré con un lavabo y allí me tropecé con Arrabal, que venía de un pasillo por donde se accedía también al cuarto de baño. “Vayamos a ver qué encontramos”, me sugirió. Entonces tuvo lugar una escena propia de una película de los hermanos Marx en la que Arrabal y yo nos cruzábamos con el pintor Fernando S. M. Félez, el director dramático Ángel Alonso, el propio galerista, el poeta Martín Marcos, el estupendo actor Joan Frank, otros invitados vestidos de domingo, señoritas hermosas e, incluso, inglesas, por los rincones y las habitaciones más peculiares… Por si esto fuera poco, la casa poseía un ascensor que recorría todas las alturas, lo que suponía la aparición de inesperados personajes que surgían de la nada. Por fin nos encontramos en una terraza. Desde allí se divisaba una piscina y, por supuesto, volvimos al laberinto para hallar el acceso, pero no fue posible. De nuevo en la planta calle, donde se ofrecía comida y bebida, la conversación osciló entre los clavicémbalos y las loas al músico extraordinario Josep Soler.

El artista Boix, con puro y sombrero, aportaba a los interesados detalles sobre su pintura y su taller en Ginebra. Arrabal, durante la mañana, había manifestado que la pintura de Boix suponía la materialización del deseo del movimiento pánico de organizar la confusión.

Apenas una hora antes supe que Ángel Alonso atesoraba entre sus muchos otros méritos teatrales y artísticos, la creación del programa El planeta imaginario, que tanto disfruté durante mi infancia. Desde ese momento vi a mi apreciado Ángel Alonso con los ojos del niño asombrado y sobrecogido por todos los regalos, como mi presencia junto a tantos amigos en la velada descrita, que me regalan los hados.

Justo cuando regresaba a mi casa se desató el diluvio universal. ¡Ya era hora!

[La exposición de Carlos Boix puede visitarse hasta el día 30 de noviembre de 2007. Aconsejo a los lectores el poema de Fernando Arrabal que se incluye en el catálogo. Boix. Galería José de Ibarra. C/ Aragón 232-234 (Esq. Balmes, 59) 08007 Barcelona Tel. (+34) 93 451 20 52 e-mail info@galeriajosedeibarra.com

Tel. (+34) 679 18 62 32.)]

Fernando S. M. Félez, pintor pánico

Fernando S. M. Félez, pintor pánico

 

(En la imagen superior reunión de El grupo pánico. De izquierda a derecha: Alejandro Jodorowsky, Jacques Sternberg, Fedorov, Fernando Arrabal, Roland Topor, Lis (mujer de Arrabal) y Toyen).

El pintor Fernando S. M. Félez durante algunos años se movió en torno a la abstracción lírica, pero, tras una etapa de reflexión y un ligero retorno a la pintura figurativa, impulsado por un retrato que le encargó Fernando Arrabal, decidió reinventar su estilo. Desde entonces, tras adscribirse al movimiento pánico, creado por Arrabal, Jodorowsky y Topor, frecuenta una pintura figurativa, que dota a la técnica de un protagonismo central para «fotografiar» en el lienzo los mundos y los conceptos poéticos vinculados a la realidad aparente.

Para que resulte efectiva la sensación que pretende transmitir el pintor cuando muestra, por ejemplo, una cabina telefónica en mitad de un desierto, se requiriere un meticuloso empleo de la factura formal y de sus fundamentos. En su personal estilo suelen enfrentarse objetos propios de una cultura tradicional (ruinas de civilizaciones clásicas, modelos con posturas que recuerdan a las adoptadas en trabajos románticos, jardineras al estilo de Versalles, etc.) en oposición a los desperdicios de la modernidad (ruedas de automóvil, vallas publicitarias, motos, etc.).

El interés de Félez por los problemas técnicos hizo que congeniara con Dalí y que en sus encuentros cambiaran impresiones relativas a tales cuestiones. También mantuvo una fructífera amistad con el pintor Ponç, del que fue vecino durante varios años.Aunque críticos y artistas puedan lanzarle a nuestro pintor ciertos reparos por su estilo cuidadoso, en absoluto de moda cuando escribimos este texto, en mi opinión una parte de su originalidad y valor estriba en su oposición a la pintura «abstracta» y «matérica» convertida a día de hoy en un nuevo y tiránico academicismo junto con la «pintura de la idea». Al igual que Dalí, cuando se definió como una cocinera de la pintura al óleo, el resultado de las obras de Félez responde a la minuciosa preparación de un buen artesano. Este desarrollo del oficio pictórico no lo ha vaciado de imaginación, sino más bien al contrario.

En la muestra que se inaugura el próximo día 7 de octubre (12 h.) Fernando S. M. Félez mostrará sus lienzos recientes y otras obras representativas de los últimos veinte años. En el catálogo que el Ayuntamiento de Zaragoza ha publicado figuran textos de Roland Topor, Fernando Arrabal y de quien esto escribe.Es esta una oportunidad única para que quienes no conocen la obra de Félez se asomen a sus horizontes y vistas insólitas, al mundo pánico de un pintor personal y auténtico.

 

(El próximo día 7 de octubre se inaugura en Zaragoza (Sala de Torreón Fortea, C/ Torrenueva, 25 a las 12 a.m.) una muestra de la pintura de Fernando S. M. Félez. Este pintor nacido en Zaragoza en 1930, que estudió bellas artes en Barcelona y que pasó buena parte de su vida en París, donde se unió al movimiento Pánico, fundado por Arrabal, mostrará en su próxima exposición sus últimas pinturas, junto a otras que resumen su trayectoria de los últimos 20 años. Fernando S. M. Félez ha realizado los famosos retratos del dramaturgo Fernando Arrabal. Además de pertenecer al movimiento Pánico tuvo oportunidad de fraguar amistad con Dalí, Topor, Ponç, Fernández Molina, etc.

En el catálogo de la muestra se incluyen textos de Raúl Herrero, Roland Topor y Fernando Arrabal. El lector encontrará una entrevista que realizó Antón Castro al pintor en la siguiente dirección:

https://antoncastro.blogia.com/2007/101703-fernando-s.-m.-felez-una-entrevista.php

La muestra, organizada por el Ayuntamiento de Zaragoza, se podrá visitar del 7 de octubre hasta el 25 de noviembre de 2007).

Joseph Carey Merrick

Joseph Carey Merrick

 

Allá por los años noventa del pasado siglo me entretuve durante cerca de cinco años en menesteres teatrales y otros fenómenos colaterales. Tras ese tiempo de trabajo constante y debido a la intemperancia de la comparsa, tanto como a la absoluta desidia del entorno, que clamaba en alto por la muerte de esos jóvenes poetas que osaban escribir, representar y recitar sus propios textos, abandoné toda vinculación directa con la dramaturgia. Antes y después de ese “fracaso triunfal” escribí algunas obras teatrales. Tras abandonar este aspecto de mi creación durante todos estos años en el proceloso mar de lo inconcreto, jamás he editado nada en este sentido, se publicarán antes que finalice este año en un tomo las dos últimas obras a las que he dado la puntilla.

La primera pieza lleva por título El Hombre Elefante y está dedicada a la memoria de Joseph Carey Merrick, el nombre auténtico de la persona cuyas deformaciones le valieron ese apelativo exótico. David Lynch filmó una brava e impoluta película del mismo título y, aunque quizá no haya podido esquivar toda su influencia, he procurado que prácticamente nada de mi obra tuviera, siquiera, una ligera vinculación con la versión cinematográfica. He tenido noticia de otras adaptaciones en el medio teatral pero, puesto que no he tenido acceso a ninguna, resultará muy difícil que mi interpretación guarde alguna semejanza con otras recreaciones.

En primer lugar mi “hombre elefante” se distancia de otras lecturas en los hechos relatados. Si bien el personaje narra algunos sucesos auténticos, el resto de los acontecimientos guardan poca o ninguna relación con los hechos históricos. Esto se debe, entre otras cosas, a que la acción transcurre en la feria donde “El Hombre Elefante” es exhibido con anterioridad a los sucesos que nos refieren tanto la película como otras adaptaciones. Además he incluido algunas tramas que influyen en el resto de personajes: una trapecista, el cuidador de El Hombre Elefante y dos enanos de la feria, entre otros.

En mi ánimo se encontraba realizar un homenaje a Merrick y no reincidir en una recreación de su vida. A lo largo de la obra se muestra con claridad que el personaje de “El Hombre Elefante” encarna el prototipo del individuo desplazado de la sociedad por cualquier motivo, ya sea éste moral, religioso, político, físico o de otra clase. Así mismo el resto de los personajes adoptan las membranas de la intransigencia, la venganza, la codicia y otros hermosos valores de la humanidad.

Joseph Carey Merrick nació en Leicester (Inglaterra) en 1862. Su enfermedad comenzó a manifestarse cuando contaba 18 meses. Su madre insistió en escolarizarle y, gracias a ella, aprendió a leer y escribir. Durante los años que vivió con cierta calma, amparado por en el London Hospital, incluso realizó algunos escritos. Entre ellos destacan las páginas que dedicó a su autobiografía y en las que, ingenuamente, achaca su enfermedad al ataque de un elefante que su madre sufrió en una feria. Por desgracia su madre, Mary Jane, murió cuando él todavía era un niño y su padre se volvió a casar. Las constantes críticas de la madrastra le obligaron a desempeñar empleos tan insólitos como manipulador de hojas de puros, que abandonó cuando las deformidades le impidieron continuar con su trabajo, o vendedor ambulante de calcetines, que dejó de ejercer tras una denuncia del sindicato de vendedores ambulantes por la supuesta mala imagen que prodigaba Merrick al gremio. Durante su etapa como vendedor con frecuencia devolvía a su padre el dinero que había recibido para el almuerzo, como si se tratara del fruto de sus ventas. Finalmente la familia lo internó en la institución benéfica llamada WorkHouse. Donde le obligaron a desarrollar un trabajo tan duro que al final Merrick decidió abandonar la entidad. Se refugió en un promotor de ferias que terminó vendiéndolo a otro. Convivió en el sórdido mundo de las exhibiciones de seres extraños hasta que lo rescató, en un principio con vistas al examen científico y luego para procurarle una vida digna, el doctor Treves. En el London Hospital murió en 1890 a los 27 años de edad. Durante los últimos años de su vida se convirtió en una celebridad visitada por la alta nobleza británica, incluso por la princesa de Gales.

En la actualidad se incide en la valentía ante las adversidades que Merrick demostró durante su vida. Pero aún impresiona más su total ausencia de resentimiento por los sufrimientos que padeció, así como sus modales educados y sus dotes de conversador, a pesar de las dificultades para el habla a las que sus deformaciones le sometían. Estudios recientes también precisan que su inteligencia superaba la media. El lector curioso encontrará un resumen más detallado de su vida en wikipedia: http://es.wikipedia.org/wiki/Joseph_Merrick.

Respecto a la pieza teatral que acompaña, en el volumen, a El Hombre Elefante mantengo un silencio absoluto.

Fernando Arrabal en el Banco de España (o ¡un drama de Echegaray hay!)

Fernando Arrabal en el Banco de España (o ¡un drama de Echegaray hay!)

 

(En la fotografía contigua Javier Esteban y Fernando Arrabal en el Banco de España junto a la escultura a Echegaray. Fotografía de Raúl Herrero.)

A las puertas de la sede del Banco de España en Madrid montábamos guardia José Rivela, al que Arrabal define como “El trotaparnasos”, Javier Esteban XXI, Luce Moreau, esposa del dramaturgo, el mismo Arrabal y quien esto escribe. El propósito de nuestra esclarecida guardia no era otro que introducirnos de golpe y porrazo, sin encomendarnos a los dioses ni a los astros, ni a las autoridades, y con la alarma de la amenaza terrorista sobrevolando nuestras cabezas, en el santo lugar del peculio para rendir homenaje al fundador de la casa, el escritor y premio Nobel José Echegaray y Eizaguirre. Arrabal argumentaba: “En vida de Echeragary todos los escritores y artistas españoles firmaron un manifiesto contra su figura, con excepción de Benavente y el compositor, por mí tan admirado, Albéniz.

¡Fue un matemático de primer orden! Al final de su vida declaró que no podía morir porque todavía le quedaban por escribir algunos tomos de sus obras de carácter matemático.” Mientras Arrabal se paseaba por el descansillo del Banco, Rivela le grababa en video. Un guardia de seguridad, amable, a la par que serio y uniformado, nos dio una noticia terrible: ¡En este lugar no se puede grabar, lo lamento! Javier armado de su teléfono móvil se puso en contacto con la jefa de prensa. Tras unas gestiones, que duraron casi horas aunque pasaron como segundos, mientras tomábamos un café con leche y churros en la cafetería del Círculo de Bellas Artes, se solventaron los inconvenientes burocráticos. Javier nos hizo levantar de los asientos tras espetar: ¡Ya podemos pasar!

“Quiero rendir homenaje al ilustre Echegaray, célebre matemático español y premio Nobel, en la estatua que se oculta a la vista del público en el interior del Banco de España”, repitió Arrabal.A las puertas del lugar nos aguardaba una amable señorita, responsable de prensa del lugar, que nos proveyó de las indispensables acreditaciones. Tras un largo recorrido por pasillos en obras, según se nos dijo se adaptaba la protección contra incendios del edificio a la normativa actual, llegamos a nuestro puerto. En una antecámara circular, acompañado por dos ventanales cuyas vidrieras representaban a Hermes y Atenea, contemplamos el cenotafio en homenaje al fundador del Banco de España. Javier y quien esto pergeña se enfundaron en camisas de actores para participar en el rodaje de una pequeña escena que Arrabal deseaba incluir en su próxima película. El “cameraman” Rivela se movía de un lado a otro para tomar los diversos planos. Tras unas cuatro repeticiones de la misma escena, tomadas desde diversas distancias y con vistas a realizar diferentes planos, nos despedimos de la escultura. Javier afirmó con devoción: ¡Echegaray debiera haber pedido que le enterraran en el Banco de España!

Por la noche, esa misma compañía, a la que, entre tanto, se unieron el sonetista Martín Marcos, el pintor de Orense Penin y Marta García nos adentramos en el espectáculo que inauguraba la temporada teatral 2007/2008 en Madrid. Juan Carlos Pérez de la Fuente, director de las obras de Arrabal El cementerio de automóviles y Carta de amor, se ocupaba de la organización del evento. Tras tres días sin dormir se mostraba nervioso, se abrazaba a Arrabal, le animaba y se deshacía en un intento de asegurarse la perfecta organización del evento. “Siempre ocurre lo mismo, una hora antes parece que todo vaya a fallar y, sin embargo, al final sale bien”, argumentó Arrabal.Ya iniciado el espectáculo el secretario de estado de cultura y otras autoridades, no acreditadas ni definidas, se adentraron entre bastidores para fotografiarse junto al dramaturgo. En verdad parecía preocuparles sobre todo que quedara constancia en papel fotográfico del breve encuentro y, cuando se cumplió tal propósito, los cortesanos huyeron cual conejos de monte.Vistieron a Arrabal con un uniforme que parecía sacado de las cohortes napoleónicas. Entre tanto Martín Marcos me hablaba de la Vía Láctea. En verano, me comentaba, cuando me tumbo en el pueblo bajo a los árboles, percibo ese blanco camino con toda claridad. Entonces recordé que los griegos clásicos llamaban a este sector del cielo“camino de leche”, puesto que atribuían su creación al flujo lácteo naciente de un pecho de la diosa Hera, esposa de Zeus.

Al final todo fue un éxito, como siempre. Mientras toda la compañía brindaba  al compás del champaña con Luce, que sonreía a pie de escena,  Arrabal gritaba desde el escenario: ¡No veo a mi novia!
El trayecto de la vía láctea guarda correspondencias con el camino de Santiago, por eso Buñuel tituló su película inspirada por estos actos de peregrinaje: La vía láctea.

De vuelto al interior de la noche Javier Estaban hizo gruñir su coche al ritmo de la canción Hurricane de Bob Dylan.

Merienda en Valdepeñas (Gregorio Prieto y Antonio Fernández Molina comidos por los codos)

Merienda en Valdepeñas (Gregorio Prieto y Antonio Fernández Molina comidos por los codos)

 

(En la parte superior lienzo de Gregorio Prieto)

A lo largo del viaje, en las gasolineras, en las estaciones de servicio, tras los aparadores de los grandes almacenes, tras los urinarios públicos, en cualquier esquina oscura, tras un arbusto mal intencionado que evita en el camino la visibilidad de caballerías y máquinas; a lo largo de todo el viaje comprobamos que nos espiaban extraños personajes con sombrero. Los había de todo tipo: algunos ocultaban el rostro bajo un sombrero-hongo de ala ancha, otros aprovechaban que les descubríamos para interpretarnos el baile de las cejas, otros se encogían y arrastraban por el suelo para desaparecer de nuestro campo de visión, como si de ese modo pudieran disimular su presencia.

Por fin, algo asustados por la persecución inmisericorde de esos personajes, alcanzamos nuestro destino. En la puerta de la Fundación Gregorio Prieto, en Valdepeñas, nos aguardaban Isabel y Teresa, dos de las hijas de Antonio Fernández Molina.

A Gregorio Prieto se le ha llamado el pintor de los poetas porque dejó retratos de muchos miembros de la generación del 27 y de otros muchos. Aunque también se le podía calificar de poeta-pintor… Uno de los retratos que realizó de Federico García Lorca ha dado la vuelta al mundo y se ha reproducido en innumerables biografías del poeta andaluz. La editorial de poesía “Adonais” le permitió que publicara un libro de dibujos bajo el título de: “Poesía en línea”. Su amistad con Antonio Fernández Molina procede de los primeros años de la década de los años 50. De aquel entonces existe una fotografía, que se incluye en el catálogo, donde figuran retratados Prieto, F. Molina y Ángel Crespo en Alcalá de Henares en el año 1951. Para postre Gregorio Prieto realizó una suerte de inauguración del postismo, antes que este movimiento se fundara formalmente en 1945, con Eduardo Chicharro. En ese período, en Roma, ambos artistas pergeñaron varios collages ejemplares, que el visitante puede ahora admirar en este museo. En esa casa típica castellana también se encuentra una amplia selección de lienzos del pintor, además de un abundante número de collages de los años 60 y 70, algunos de ellos influidos por la estética del pop, donde confluyen restos de revistas de la época (se asoma en ellos la propia duquesa de Alba) y cartas personales de diverso signo. A esta colección la acompañan un nutrido grupo de arcángeles San Miguel y varias palomas trinitarias.

Allá por los años 50 Gregorio Prieto dibujó un retrato de Antonio Fernández Molina, tal vez el último de la serie que dedicó a los poetas. Esta obra aparecía en primer plano en la muestra antológica de dibujos de Antonio Fernández Molina, que se presentó el día 1 de septiembre en la Fundación Gregorio Prieto. A los dibujos los acompañaban, impresos en las paredes, algunos fragmentos de un texto que dedicó a Molina su amigo Fernando Arrabal.

La muestra se presenta bajo el epígrafe “Poeta-Pintor, exposición homenaje”. Y la selección de obras, por obra y gracia de su hija Ester, supone un gran acierto. Puesto que reúne tanto todas las facetes de F. Molina en el terreno del dibujo. Por un lado contamos con la presencia de unos míticos cartones realizados a principios de los años 50. Esas obras estuvieron desaparecidas durante algún tiempo. Se trata de obras que Fernández Molina realizaba en su aislamiento en el pueblo castellano de Casa de Uceda, pero que guardan estrecha relación estética con las creaciones realizadas en ese momento por los más arriesgados artistas del momento en las capitales del arte. Así, en estos cartones monocromos, porque la situación económica no permitió la llegada del color a la pintura de Molina hasta varios año después, rastreamos influencia de Klee, y la presencia de contemporáneos como el grupo “El Paso” y de la denominada pintura “matérica”.

En la muestra también nos encontramos con esos animales aguerridos, en la línea de los “seres imaginarios” y con el pulso del grupo COBRA (con quienes expuso Fernández Molina en Berlín, por cierto). Tampoco falta la serie del abecedario y de los números con una equilibrada belleza. Llamó la atención de muchos asistentes la baraja que ideó Fernández Molina con unos bastos que se han transformado en peces. Se incluyeron algunos paisajes y personajes de su etapa en Mallorca, obras, en general de mayores medidas. Pero tampoco faltaron esos dibujos que el artista realizaba mientras conversaba con un amigo, o mientras se ocupaba de cualquier otro asunto, piezas que esbozaba sobre cualquier pedazo de papel, aprovechando una invitación recibida en el correo de la mañana, en un billete de autobús, en un resto de cartón, todos ellos valiéndose de cualquier material como tinta, grafito y saliva para fijar y dar esplendor.

Comprobamos como a algunos presentes les temblaban las piernas de admiración y excitación. Incluso fue necesario sujetar por las piernas a algunos para evitar que la emoción les hiciera ascender a los cielos en carne mortal.

El acto de inauguración resultó enriquecedor. El alcalde de Valdepeñas, el presidente de la Fundación Gregorio Prieto, el vicepresidente de la misma y Ester Fernández, en nombre de la familia, ofrecieron un claro retrato de Antonio Fernández Molina y de la dimensión de su obra.

Antonio Sánchez Ruiz, vicepresidente de la Fundación, recordó la presencia de Fernando Arrabal en el museo, acompañado por Fernández Molina y quien esto escribe. Aquella, sin duda, fue una tarde apoteósica y delirante.

Cuando me disponía a abandonar el recinto unos ojos llamaron mi atención. Me aproximé lentamente a ellos, con el sigilo de un animal desconfiado. De golpe me encontré con todos aquellos personajes con sombrero que nos espiraron durante el viaje, todos dibujados por la mano de Fernández Molina y reunidos bajo un mismo marco. Los personajes se percataron de mi presencia y comenzaron a bizquear. Les aproximé mi oreja y me narraron una serie de fabulosos sucesos, que relataré a mis lectores en otro momento.

Y tras el acto, desde luego, la merienda.

 

(Exposición Dibujos de Antonio Fernández Molina Poeta-pintor. Exposición homenaje. Del 1 de septiembre al 7 de octubre de 2007. Museo de la Fundación Gregorio Prieto, Valdepeñas. No se pierda el visitante el catálogo con textos de autoridades, de Ester Fernández, de Antonio Sánchez, José Corredor Matheos, una selección de textos de Fernández Molina sobre Gregorio Prieto, unos musgos de A.F. Molina y un soneto del mismo. Además de otros contenidos y de la reproducción de las obras.)