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Con una buena rata ¡hasta el fin del mundo!, (Entremés o paso, V)

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Entremés.
Pieza de teatro jocosa, en un solo acto, que solía representarse entre una y otra jornada de la comedia.
María Moliner, Diccionario del uso del español. Segunda edición, Madrid, 1999.
Pieza dramática jocosa y de un solo acto. Solía representarse entre una y otra jornada de la comedia, y primitivamente alguna vez en medio de una jornada.
Diccionario de la lengua de la Real Academia Española. Vigésima primera edición. Madrid, 1992.



Escena casi vacía. En un extremo del escenario sentado a  una pequeña mesa un hombre, con aspecto insignificante, escribe ensimismado. Entra a escena, por el lado opuesto a la mesa, Don Golondrino, un hombre muy bien vestido, trajeado a ser posible, con una enorme maleta que arrastra como si el peso le abriera las carnes. Don Golondrino observa el entorno con extrañeza. Por fin repara en el individuo de la mesa y se aproxima con seguridad.


Don Golondrino
.-(Tras carraspear cuatro o cinco veces, en vano, para conseguir que el escribiente le preste atención.) ¡Oiga, joven!
(El Hombre de la mesa prosigue ensimismado en la redacción de unas notas. Don Golondrino golpea en la mesa con los nudillos.)
Don Golondrino.-¡Por favor, atiéndame!
(El Hombre de la mesa levanta la cabeza sorprendido, pero con calma. Mira a Don Golondrino y, con desconfianza, oculta los papeles.)
Hombre de la mesa.- ¿Quién es usted? ¿Qué hace aquí?
Don Golondrino.- Mi nombre es doctor don Golondrino Peralada de Abisinia, y he tenido a bien aproximarme a estos parajes como invitado pudiente y ponente al congreso de doctores, médicos y de raticidas en general que, según me indicaron, tenía lugar por estos contornos.
Hombre de la mesa.-¿Ah sí? ¿A qué tipo de congreso dice que viene?
Don Golondrino.-Al de cirugía coro…
Hombre de la mesa.-(Que interrumpe a Don Golondrino.) ¡No me diga más! ¿Al de cardiopatías de grillos? ¿Al de gonorreicos orgullosos? ¿Al de prostáticos y dichosos?
Don Golondrino.-¡Qué dice! ¿Qué pretende?
Hombre de la mesa.-(Sonríe con orgullo.) Le estaba probando buen hombre. No sabe la cantidad de insignes doctores que han intentado colarse en este lugar haciéndose pasar por otros.
Don Golondrino.-Me deja de una pieza y de un capullo.
Hombre de la mesa.-A riesgo de parecerle presuntuoso le diré que hasta el momento ninguno de esos farsantes ha logrado entrar en el congreso. Así que no se extrañe si encuentra la sala desierta.
Don Golondrino.-¿Quiere decir que he venido hasta aquí para nada?
Hombre de la mesa.-(Como si sospechara de Don Golondrino.) ¿Para nada dice usted? ¿Dijo o no dijo hace un momento que venía como ponente?
Don Golondrino.-¡Pero si no hay nadie…!
Hombre de la mesa.-Eso qué importancia tiene. ¿Usted es quién dice qué es o intenta colarse como hicieron los otros? ¿A que viene esa preocupación por si hay o no gente? Tal vez se haya citado ahí dentro con sus compinches.
Don Golondrino.-Discúlpeme, pero no acierto a comprenderle.
Hombre de la mesa.-Sí, sí, claro. No me comprende… ¿o no quiere hacerlo?
Don Golondrino.-A propósito recibí la misiva para que participara en el congreso tan sólo hace un par de días. ¡Con algo de retraso! ¿No le parece?
Hombre de la mesa.-No se equivoque conmigo. Podría no haberla recibido nunca.
Don Golondrino.-¿Qué insinúa?
Hombre de la mesa.-¿El año pasado recibió usted alguna invitación para este congreso?
Don Golondrino.-Claro que no. Entonces no participaba…
Hombre de la mesa.-Se da cuenta. No recibió esa carta porque los presidentes del congreso no me dejaron enviarla. Porque si de mi hubiera dependido de buen gusto se la hubiera mandado.
Don Golondrino.-Eso no tiene sentido.
Hombre de la mesa.-¿Sentido? Yo prefiero denominar a esos incidentes paradojas.
Don Golondrino.-Además en la carta no figuraba mi nombre. Tanto en el sobre como en el interior se me denominaba como Don Furúnculo y mi nombre, como ya le he dicho, no es ni más ni menos que doctor Don Golondrino Peralada de Abisinia.
Hombre de la mesa.-¡Oiga no, Don Palomino, no pretenda distraerme con tonterías y alejarme del tema principal!
Don Golondrino.-¡Cómo Don Palomino! Le digo que me llamo Don Golondrino. Go-lon-dri-no.
Hombre de la mesa.-Tiene usted mucho camino trillado. A mí no me engañará como ya habrá hecho con otros incautos. Primero intenta colarse y ahora me viene con chorradas para que no le haga la pregunta que tanto teme.
Don Golondrino.-No le comprendo. ¿A qué se refiere?
Hombre de la mesa.-¿A qué me refiero? (El Hombre de la mesa sonríe y luego de forma confidencial susurra la siguiente frase a Don Golondrino:) ¿Ha traído usted una rata?
Don Golondrino.-¿Cómo?
Hombre de la mesa.-¡Qué si ha traído usted una rata! Aquí las prácticas de cirugía se hacen con ratas, y si no se la trae usted de casa ya se puede ir olvidando…
Don Golondrino.-¡Qué desfachatez! ¡Pero usted sabe quien soy yo!
Hombre de la mesa.-¿Y usted sabe lo que es una rata?
Don Golondrino.-Por supuesto.
Hombre de la mesa.-Pues si no trae rata no le dejo pasar, ¡ni-dar-la-con-fe-ren-cia!
Don Golondrino.-¡Menudo disparate!
Hombre de la mesa.-¡Qué fácil lo ve usted todo, don Abceso rectal!
(Don Golondrino intenta demostrar su enfado, pero como El Hombre de la mesa no se calla le resulta imposible.)
Hombre de la mesa.-¿Así que las ratas le parecen un disparate?
(El Hombre de la mesa se levanta de su puesto y se acerca hasta Don Golondrino, al que toma de un brazo y lo lleva fuera de escena.)
Don Golondrino.-(Habla mientras El Hombre de la mesa le empuja fuera de escena.) En mi vida me han tratado de esta manera. Desde luego me quejaré a sus potentados y superlativos. ¡Qué barbaridad! ¡Y le diré más, en el hotel donde me han alojado no había ni siquiera un orinal!
Hombre de la mesa.-(Iniciando el mutis con don Golondrino.) Ahora, ahora verá usted lo que es bueno. ¡Ya basta de tanta cirugía y tanto circunloquio!
(Ambos desaparecen. Se escucha un grito. Entra corriendo de nuevo en escena don Golondrino aterrado. Después entra El Hombre de la mesa con calma.)
Hombre de la mesa.-(Orgulloso.) ¿Qué me dice ahora? Llevo criando a esa rata, que nació sin pelo, como el Señor la trajo al mundo, desde hace cinco años y todavía no ha nacido el médico que le ponga la mano encima.
Don Golondrino.-¡Por Dios no vuelva a meterme ahí!
Hombre de la mesa.-Claro, ahora empiezan las lamentaciones, los lloros y lo demás. ¡Esa rata, señor mío, esa rata es una Santa!
Don Golondrino.-La verdad que no abulta mucho, pero el verla pavoneándose por la habitación con su peto, sus zapatillas y su gorra me ha sobrecogido!
Hombre de la mesa.-El último médico que entró ahí se consideraba muy hombre… hasta que  vio a la rata llevarse una de sus patas a la boca para hacerle una pedorreta. (Ríe.) Aquel hombre se vino abajo. He conocido a muchos más altaneros que usted que han llorado como bebés de pelo en pecho ante la donosura de esa rata. (El Hombre de la mesa realiza los gestos que describe.) Porque esa rata se ha paseado así, con prestancia, como si apenas posara sus patitas en el suelo. Esa rata, señor mío, se ha paseado por las calvas de los más reputados anestesistas del mundo y se ha meado en las costuras de las orejas de los mejores cirujanos que los siglos han visto. ¿Le he hablado de su forma de caminar?
Don Golondrino.-¡Qué elegancia! ¡Qué parsimonia!¡Qué belleza ventricular!
Hombre de la mesa.-Si quiere puedo dejarle entrar de nuevo unos segundos…
Don Golondrino.-No sé si lo soportaré.
Hombre de la mesa.-¡Venga! ¡Inténtelo!
Don Golondrino.- De acuerdo. Me sobrepongo y repongo y hacia allí me dispongo.
(Don Golondrino sale.)
Hombre de la mesa.-¡Fíjese, fíjese porque jamás verá a una rata como esta! Mire, mire con cuanta elegancia mueve las nalgas y cómo se peina y estira las patitas…  La carne de gallina, mire…
(Entra de nuevo Don Golondrino llorando.)
Don Golondrino.-¡Cuánta razón tenía usted en todo! Sólo por esto ha merecido la pena el viaje.
Hombre de la mesa.-Se da usted cuenta.
Don Golondrino.-Ahora comprendo casi todo. Con una rata así uno puede ir… ¡hasta el fin del mundo!
Hombre de la mesa.-¡Y más lejos todavía!

TELÓN



© Raúl Herrero

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raulherrero

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Fecha: 04/11/2010 23:20.


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