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In memoriam Jean-Marc Debenedetti

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[En el año 2000 de la mano y escritura de Fernando Arrabal conocí al poeta y artista Jean-Marc Debenedetti. Mantuvimos correspondencia durante un tiempo  y me ofreció su poemario La ecuación del fuego, entonces  recientemente traducido al castellano por Danièle Bonnefois y Alberto Blanco. En la editorial Libros del Innombrable, en la Biblioteca Golpe de dados, se publicó en el año 2001 su poemario. Le acompañaban en el volumen en el prólogo Fernando Arrabal y en epílogo Alberto Blanco. Durante nuestro epistolarío hablamos de presentar su libro en España, pero el caso nunca se llegó a concretar. Hoy, también de la mano y escritura de Fernando Arrabal, recibo la noticia de su fallecimiento. Al parecer fue enterrado el pasado 19 de junio en París. Sirva la inclusión de estos poemas de  La ecuación del fuego como testimonio y homenaje personal a este autor, editor y creador de la revista Poèsie. Los libros   El pánico  y Manifiesto para el tercer milenio de Fernando Arrabal, de los que Libros del Innombrable editó su versión en castellano, se publicaron también en su editorial Punctum.]

Jean-Marc Debenedetti es poeta, pintor y escultor. Nacido en 1952 en París, en donde vive, simultanea una obra poética y una creación plástica que se completan y corresponden.

Ha publicado ya una decena de libros de poesía así como obras críticas especialmente sobre los Simbolistas y los Surrealistas.

Expone desde 1973 y ha participado en numerosas manifestaciones colectivas en Francia y en otros países (EE.UU., Suecia, Portugal, Inglaterra, Canadá, Suecia, México, Luxemburgo y Alemania).

 

Yo la veo en una concha
forcejeando con la arena
o bien viento
entre el palenque de una casa
desalojada hace tiempo
hace tiempo
que los líquenes y los musgos
abandonaron la arena
poblada sin embargo de caracoles
Ellos entregan su corazón a las hierbas
hablan del lenguaje que le conviene a la arena
el techo es su testigo

***
Maíz de llama verde
mujer abandonada a pesar de tensiones
cajón oscuro de donde nace
el aburrido deseo
Para sustraerse a la farsa
tachar de una vez la alianza
para una soledad ideada pieza por pieza
con sus vértigos y sus tiernos abismos

***
Nacida de un anuncio de estrellas
la noche en camisón
se la lleva de la mano
a darle un beso de foso
Entre sus labios
un musgo abstracto interroga
al séquito de los enigmas bajados
descalzos de su firmamento

***
Entonces la medianoche expulsa subterránea
las palabras con colores de hombre
y los espléndidos calvarios
construidos para resistir
En la encrucijada
pasa la desesperación
con largos muslos desnudos

***
A la orilla de la memoria
las palabras caen como el barbecho
como plantas inquietas
por inutilidad de la savia
Aquí es la costumbre
la que da sed
y lo prohibido sirve de estación
a los viajeros

***
Para ti la pizarra
cuando se desnuda
y no se rompe







Noche caníbal


1
La que espera arrebujada
bajo los postes de su tienda de campaña
la de las pestañas que parpadean en probable adiós
cuyo vientre es húmedo
como el rocío
La del nombre que sólo sirve una vez
a primera hora
me arranca el reptil de las manos
dejando la jaula sin cerrar

2
La del nombre que se deletrea a gritos
en tiempos de tormenta a la altura de la gaviota
La del pico que se ensaña
en volver a abrir la misma llaga
parecida a una sonrisa
acribillada por dientes de animales
Tú cuyo cuerpo niega
el beso del manantial

3
La que no cambia ni un óvulo
ni un reptil anidado en su vientre
lleva la muerte hasta la orilla
De la que nada me hace uniforme
reduce el ala del reparto
a la mirada del pájaro azul
al inocente pájaro carpintero
para el que la corteza no tiene alma
el enigma queda por descifrar

4
La del vientre liso
hasta el ano que sigue siendo su misterio
la del misterio duro de llevar
como bisagras cerradas
La que se alimenta de fiebres
desde hace tanto tiempo ya
se levanta el altamar
con sus naufragios previsibles

5
La del todo en la nada que duerme
en mi sitio de fiera
me encanta cuando enseña sus dientes
como una ofrenda saliva
La de la lengua con sabor
a ámbar a amaranto y a sal
La del deseo que nunca comulga
con el deseo del deseo del deseo
[La ecuación del fuego, Jean-Marc Debenedetti. Traducción de Danièle Bonnefois y Alberto Blanco, Libros del Innombrable, Zaragoza, 2001.]

 

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