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El pisito (Entremés o paso, XII) -En homenaje a Rafael Azcona-

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Entremés.
Pieza de teatro jocosa, en un solo acto, que solía representarse entre una y otra jornada de la comedia. 
María Moliner, Diccionario del uso del español. Segunda edición, Madrid, 1999.

Pieza dramática jocosa y de un solo acto. Solía representarse entre una y otra jornada de la comedia, y primitivamente alguna vez en medio de una jornada. 
Diccionario de la lengua de la Real Academia Española. Vigésima primera edición. Madrid, 1992.

La escena muestra el cuarto interior de una vivienda decorado de la manera más rancia posible. Entran tres personas: el Agente que muestra la casa a posibles compradores y  dos probables inquilinos. Inquilino 1: hombre. Inquilino 2: mujer. O todo lo contrario.

 

Agente.-Y aquí tienen la joya de la corona de la vivienda. La habitación rusa, como la bautizó el anterior inquilino, en paz descanse.

Inquilino 1.-¿Qué le ocurrió al último inquilino? ¿Murió?

Agente.-En efecto.  Él y  los 4 que le precedieron.

Inquilino 2.-¿Cómo es eso? Nos deja preocupados.

Agente.-¿Preocupados? ¿Por qué? La gente se muere. Piensen que si ellos siguieran vivos no estarían ustedes hoy aquí conmigo.

Inquilino 1.-Eso ya lo entendemos. ¿Y de qué murieron?

Agente.-La policía sigue investigando. No me han autorizado a revelarles nada en ese sentido. Pero dejémonos de tonterías y de distracciones. Miren que vista, fíjense en los radiadores, contemplen las paredes y la mesa y…

Inquilino 2.-¿Qué vistas? Si no hay ninguna ventana.

Agente.-¿Desde cuándo hacen falta ventanas para tener vistas? No sé, no sé si nos vamos a entender ustedes y yo.

Inquilino 1.-Oiga, me intranquilizan esos crímenes. No se lo puedo negar. ¿No será que la vivienda emite algún tipo de extraña vibración o de radioactividad que extermina a sus habitantes?

Agente.-No, no lo creo. Como comprenderán me ponen en una situación difícil. Pero si nos adentramos en el terreno de la especulación… en fin, sin que me atreva a confirmarlo de una manera categórica y rotunda… en todo caso las muertes tendrían que ver con “Hierba buena”.

Inquilino 2.-¿Murieron envenenados? ¿Alguien les introdujo sustancias psicotrópicas en la comida? ¿O acaso fumaban cáñamo mezclado con mondas de mandarina? ¿Eran adictos a algún tipo de droga?

Agente.-Nada de eso. Me refiero a “Hierba buena”,  el toro.

Inquilino 1.-Pero ¿ los anteriores inquilinos murieron en una plaza?

Agente.-No, todos aparecieron muertos en este piso. El último  de ellos precisamente donde se encuentra usted.

Inquilino 2.-(Da un respingo.) ¡Ay dios!

Inquilino 1.-Entonces, ¿a qué viene lo del toro?

Agente.-Todo tengo que explicarlo ¡caramba! El toro “Hierba buena” vive aquí mismo, en la habitación contigua

Inquilino 2.-¿Tiene un toro dentro del piso?

Agente.-Oiga, el toro no es mío. Cuando me pidieron que alquilara la vivienda el toro ya estaba dentro. Según me indicó  el propietario actual, cuando él adquirió la vivienda el animal ya vivía en ella.  La ley nos indica tajantemente que no se le puede desalojar.

Inquilino 1.-¿Y cuándo pensaba decirnos lo del toro?

Agente.- No esperarán que entre en todos los pequeños detalles.

Inquilino 2.-No puede ser. Usted nos gasta una broma. ¿Dónde dice que está el toro?

Agente.-(Mientras señala una puerta.) Ahí mismo, en esa habitación.

Inquilino 2.-(A Inquilino 1) Anda ve tú. Terminemos con esta patochada.

Inquilino 1.-(Al Agente) Le advierto que no me hace ninguna gracia. Con este tipo de  bromas, ¿tiene usted mucha suerte en su trabajo?

Agente.-Pues mire, ya que lo menciona bastante. En treinta años de profesión he alquilado una media de tres o cuatro pisos, sin contar con esta vivienda, en la que alojé a todos los anteriores arrendatarios, ¡Dios los tenga en su gloria!

(El Inquilino 1 abre la puerta. La cierra de golpe.)

Agente.-¿Ya se ha convencido? ¿Qué necesidad tenía yo de mentirles?

Inquilino 2.-(A Inquilino 1) ¿Es cierto lo del toro?

(Inquilino 1 afirma con la cabeza.)

Agente.-Bueno, si les parece, mañana firmamos el contrato de alquiler.

Inquilino 1.-¿Pienso meternos en esta casa con un toro?

Agente.-Ya lo hice en las anteriores  ocasiones y no hubo ningún problema.

Inquilino 2.-Pero si murieron todos…

Agente.-Bueno, pero eso no es un problema. A veces ocurren accidentes, casualidades. Además con un toro dentro de casa no hace falta que se gasten el dinero en gatos ni perros. “Hierba buena” es muy buen toro. Les aseguro que nadie les entrara a robar. Y a alguien se le ocurre va listo.

Inquilino 1.-Esto no es serio. Si no saca  de aquí a ese toro no cuente con nosotros.

Agente.-Lo lamento pero no es posible. El toro lleva aquí mucho tiempo y tiene derechos adquiridos.

Inquilino 2.-Pues que le pague el toro el alquiler. ¿No le da vergüenza endosarnos este lugar con semejante animal?

Agente.-(Tras reírse) Pero ¡por Dios! ¿Cómo me va a pagar el toro el alquiler si no tiene dinero?

Inquilino 1.-Ahora mismo nos vamos.  Jamás había visto una cosa así…

Agente.-¿A qué se refiere? Porque el piso se encuentra en muy buenas condiciones.  Y si lo dicen por el animal les haré una advertencia: no les consentiré que injurien a “Hierba buena”. Es cierto que es un toro salvaje, que no sabe cocinar y que algunas noches golpea las paredes con la cabeza hasta dormirse pero… Posee grandes virtudes.

Inquilino 2.-¿Y qué virtudes posee semejante bicho?

Agente.-¡Qué mala es la ignorancia! Pues se las enumeraré encantado. Primera virtud: su bravura. Ese toro puede pasarse una tarde entera embistiendo a todo bicho viviente.  Si por azar, o por torpeza, el animal se sintiera agredido por alguno de ustedes y tras identificar atrapara al interfecto, les aseguro que no lo contaría el desafortunado. Segunda virtud: el toro es astifino. Tercera virtud: su juventud. Les aseguro que tienen toro para rato y que gracias a sus poses, a las que me atrevería a calificar como propias de un dandy, y no es pasión de padre, les auguro múltiples veladas en familia de jolgorio y pujanza.

Inquilino 1.-Ese es otro tema. Porque con nosotros vendrían a vivir dos niños.

Agente.-¿Y a mí que me cuentan? Yo vivo con mi mujer, mi abuela y dos cuñados y no lo comento por ahí.

Inquilino 2.-No, si lo decimos por el animal.

Agente.-¿Qué animal? Ah no. El propietario me ha prohibido expresamente que alquile la vivienda a alguien que pretenda instalarse con un animal.

Inquilino 1.-Pero si ofrecen la vivienda con un toro dentro…

Agente.-Una cosa no tiene ninguna relación con la otra. Además “Hierba buena” es muy suyo  y no le gustan las visitas. ¡Y menos si traen a otro toro! Entonces si se puede liar una buena.

Inquilino 2.-¿De dónde íbamos nosotros a sacar otro toro?

Agente.-Eso es cosa suya. Aunque les advierto de una cosa. Si el  propietario, o yo mismo, que suele aparecer de improviso por si les sorprendo cometiendo algún tipo de fechoría, ya sea contra el inmueble o contra el propio animal, les sorprendemos con otro toro dentro van todos a la calle. Bueno, todos menor “Hierba buena”, claro.

Inquilino 1.-No entiendo nada.

Agente.-Si se ponen así… Tal vez pueda compensarles por los trastornos que el toro pueda ocasionarles.

Inquilino 2.-¿Con una rebaja del alquiler?

Agente.-Bueno también… Pero había pensado en darles unas clases de toreo. En mi juventud fui banderillero,  bastante bueno, por cierto, aunque el decirlo sea una inmodestia por mi parte.

Inquilino 1.-¿Usted nos toma por tontos?

Agente.-No, ¿por qué me dice eso? ¿No se da cuenta que así hiere mis sentimientos? Me ofrezco a rebajarles el alquiler y a enseñarles a torear… ¿Qué más quieren?

Inquilino 2.-Hombre, si nos ofrece una rebaja sustancial nos lo podríamos pensar…

Agente.-Por eso no se preocupen. Lo tendría que consultar con el dueño, pero me atrevo a prometerles que no habrá ningún problema.

Inquilino 1.-(Al Inquilino 2) ¿También te has vuelto loco? ¿Piensas meternos aquí con un toro? ¿Y los niños?

Agente.-Por los niños no se preocupen. El toro cuando quiere es muy cariñoso. Por otra parte no come demasiado, bueno, no come demasiado para ser un toro.

Inquilino 2.- Si usted viera el apetito de mi suegra…

Agente.-¡Qué me va usted a contar!

Inquilino 1.-¿Estás sordo? Que no, que no me vengo aquí a vivir con un toro.

Agente.-¿Es usted racista? ¿Acaso no le gustan los animales?  (Al Inquilino 2) Yo no quiero meterme donde no me llaman, pero no me fiaría nunca de alguien que desprecia a  los animales.

Inquilino 2.-Venga, no seas así de díscolo. Si este hombre nos ofrece una buena rebaja…

Agente.-¿Cómo una rebaja? ¡Una rebaja sustancial! Como les veo interesados les diré otra cosa. El toro durante los fines de semana casi ni se siente. En época estacional, por ejemplo, el viernes por la tarde se marcha a su casa de campo y no vuelve hasta el domingo. Eso sí, el taxi se lo tendrán que pagar ustedes. ¡Y en eso me mostraré in-fle-xi-ble!

Inquilino 2.-¿Te das cuenta?

Inquilino 1.-Bueno, ¿puedo volver a mirar al bicho?

Agente.-Por favor, por supuesto. Pero nada de fotografías, las luces de las cámaras le ponen muy violento.

Inquilino 2.-¡Otra cosa a su favor! Mi suegra es aficionada a la fotografía.

Agente.-Entonces lo tiene usted que ni a propósito.

(Inquilino 1 abre la puerta y mira el interior de la habitación.)

Inquilino 1.-Hombre, ahora me impresiona menos, visto así….

Agente.-Ya le decía.

Inquilino 2.-Entonces, ¿qué? ¿Firmamos el contrato?

Inquilino 1.-¿Por qué lleva puesto un sombrero de copa?

Agente.-Ya les dije que era todo un dandy.

(Inquilino 1 cierra la puerta.)

Agente.-Como me han caído bien les confesaré algo. Tengo a un picador muy interesado en el piso. Pero si ustedes firman ahora mismo el contrato me olvido del otro cliente.

Inquilino 1.-No sé.

Inquilino 2.-Venga, no seas tan exigente.

Agente.-He puesto todo de mi parte.

Inquilino 2.-(Al Inquilino 1) ¿Quieres mirarlo de nuevo?

Inquilino 1.-No, no me hace falta.

Inquilino 2.-Animate. Tal vez si lo miras con otros ojos…

Inquilino 1.-De acuerdo, lo haré por complacerte.

(Inquilino 1 abre la puerta y se asoma al interior. Inquilino 2 empuja a Inquilino 1 dentro del cuarto y cierra la puerta.)

Inquilino 2.-(Al Agente) En ocasiones es preciso tomar determinaciones drásticas, sin contemplaciones.

(En el otro cuarto se escuchan gritos y golpes.)

Agente.-Mi más sincera felicitación. Si no lo hace usted lo hago yo. ¡Por Dios bendito! Una ocasión como ésta no se puede dejar escapar.

Inquilino 2.-Por otra parte una boca menos que alimentar.

Agente.-Así notará menos los gastos de la comida del animal.

Inquilino 2.-Que una es buena, ¡pero no tonta!

Agente.-Por cierto, ¿tiene algo que hacer ahora mismo?

Inquilino 2.-Nada, nada en concreto.

Agente.-Si me lo permite la invito a cenar.

Inquilino 2.-Me ruboriza usted.

Agente.-Ya, ya lo comprendo.

(Siguen los ruidos y gritos de auxilio en el cuarto del toro.)

 

TELÓN

 

 

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