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Retorno a Federico García Lorca, (y II)

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A la estatua-busto del poeta que ya lleva un tiempo reposando en Fuente Vaqueros ahora se ha sumado, en una rotonda, una estatua de cuerpo entero de Federico sentado en una silla. Puesto que no conocía esta nueva incorporación me sorprende su presencia y la escruto desde la ventanilla del automóvil. “¿Me sientes donde tú estás?, escribió Alberti a Blas de Otero. ¿Sentirá de algún modo Federico todos los homenajes, todos los dispendios, todos los galápagos que a su sombra se enroscan? La presencia de un poeta de tanta personalidad y fama en una localidad suele engullir a los que nacen bajo sus ramajes. ¿Cuántos jóvenes imitarán la figura de Lorca y se expresarán con su mismo acento antes de lanzarse a los caminos tras tono propio y un timbre y una voz o grito?
En 1922 tuvo lugar en Granada, en el patio de los Aljibes, el Concurso de Cante Jondo promovido por Ignacio Zuloaga, Manuel de Falla y Federico García Lorca. Encuentro por estos lares un CD que reúne, de los archivos de Manuel de Falla, grabaciones originales de los cantaores Manuel Torre y Diego Bermúdez; a estas las acompaña la discografía flamenca utilizada por el poeta, cedida por la Fundación Federico García Lorca, y que suponemos la utilizaría en su famosa conferencia sobre el Cante Jondo. Sin duda, esta publicación supone un hallazgo capital para los interesados en la música, en el cante jondo, o en la obra de Falla o Lorca. La primera sesión del concurso la inauguró, con un intento de conferencia, Ramón Gómez de la Serna. Según nos cuenta Isabel García Lorca en su libro Recuerdos míos los gritos entusiastas del público impidieron a Ramón cumplir con su propósito.
Se dice que algunos granadinos se reunían bajo el balcón de Falla para escucharle durante sus horas de trabajo. Así mismo Lorca le visitaba para tomar té con pastas a la hora convenida tras el trabajo. Federico le dedicó a Falla su poema, extenso, elocuente y quizá de los más acertados del autor: “Oda al Santísimo Sacramento del Altar”. La religiosidad de Falla, sobradamente conocida, llevó a algunos a comparar su habitación con una celda monacal. Un fragmento del poema citado lo incluyó Antonio Fernández Molina en su Antología de poesía mística española.
Por el libro Federico y su mundo, de Francisco García Lorca, conocemos las impresiones que suscitó en el músico un fragmento del referido poema, publicado en la Revista de Occidente en 1928. En una carta de Falla dirigida a Lorca leemos:
“A usted, que tan bien me conoce, no necesito decirle cuáles son las diferencias que nos separan ante el tema de su Oda. De ser tratado por mí lo haría con el espíritu puesto de rodillas, y aspirando a que toda la humanidad se divinizara por la virtud del Sacramento.
Y con ello, la ofrenda: oro, incienso y mirra. Puros; sin mezclas…
Usted me entiende, Federico, y perdóneme si en algo le molesto. ¡Cuánto lo sentiría”.
El volumen de Isabel incluye una carta de Falla a María Muñoz de Quevedo, de la que citamos un extracto porque muestra con claridad el afecto del compositor por Lorca:
“Es uno de los discípulos que más estimo desde todos los puntos de vista. En lo que se refiere a la música popular, un excelente colaborador.
Cuando Dios quiere que nazca un artista de esta calidad, no sólo capaz de asimilar técnicamente aquello necesario a su trabajo, sino de superar el simple oficio de la técnica (éste es el caso de García Lorca en sus armonizaciones del folclore español), se comprende la enorme diferencia existente entre lo que es producto de la educación y lo que surge bajo el ingenio de la creación personal secundada por esa educación”.


De la poesía de Lorca y su relación con el Cante Jondo suelen mencionarse el obvio Poema del Cante Jondo, así como algunos textos sueltos de esos mismos años en Canciones, en fragmentos del Romancero Gitano. Pero la influencia de “la raíz del grito”, del “duende gitano”, bucea, oscurece y aclara, dependiendo de los ojos que, cual miradores, se aproximen al texto.
Uno de los poemas de Poeta en Nueva York reza:


“Asesinato
(Dos voces de madrugada en Riverside Drive)

¿Cómo fue?
—Una grieta en la mejilla.
¡Eso es todo!
Una uña que aprieta el tallo.
Un alfiler que bucea
hasta encontrar las raicillas del grito.
Y el mar deja de moverse.
—¿Cómo, cómo fue?
—Así.
—¡Déjame! ¿De esa manera?
—Sí.
El corazón salió solo.
—¡Ay, ay de mí!”

16/10/2008 15:02 Raúl Herrero Enlace permanente. sin tema

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