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Raúl Herrero

Cervantes de perfil o Raúl de frente (Reseña de Alicia Silvestre)

Cervantes de perfil o Raúl de frente (Reseña de Alicia Silvestre)

Reseña de Alicia Silvestre, poeta, traductora, profesora de español en la Universidad de Brasilia.

 

Cervantes de perfil o la venta de los milagros

Raúl Herrero

Libros del Innombrable

Los libros del señor Nicolás

978-84-92759-24-8

Si la actualidad de Cervantes es sólo un rasgo más de su genialidad insigne, esta Venta de los Milagros revisitada hace correr savia nueva en venas que el viento amarilleaba.

Por un lado es admirable que se retomen lecturas de los clásicos, que se versionen con dignidad ya es más difícil, pero que se tejan de realidad actual ya es casi una aguja en un pajar. ¡Dichoso del que con ella se pincha! Pues eso es lo que consigue Herrero, introduciendo personajes reales (Francisco de Nevado), alusiones a amigos (Fernández Molina nació en Alcázar de San Juan como uno de los personajes,) o la propia auto-ironía sobre sí mismo, que introduce al autor en la acción (el cautivo Claudio, p. 79) de manera cómplice y subliminal, casi como la firma-autorretrato de Hitchcock en sus películas.

La naturalidad con la que ensarta el lenguaje de la época con los fragmentos del original hace que las costuras sean invisibles, cosa que ya quisieran para sí muchos traductores. Pero no nos hallamos ante una traducción, sino ante una recreación. Como dirían los hermanos Campos, una “transcriação”.

De entre todos los monstruos e híbridos que la literatura moderna engendra, este aquí nos deja una esperanza: la de que hay unos pocos que respetan y comprenden el valor de las obras universales, y además tienen el talento de representarlas a los ojos legos, a los que ya no leen el Quijote, y lo hacen de manera inusitada y creativa.

Para los lectores de método del siglo veinte, es otro cantar. Esto va mucho más allá del soterrado homenaje de las intertextualidades, tan manidas y tan antiguas como concepto, como el mismo Ulises que en paz descanse. Y porque de héroes se trata, en nada desmerecen los personajes de esta comedia picante y ágil, pues por ellos corre la sangre, tan verdaderos semejan, que nos resulta imposible imaginar que no tengan cuerpo de carne. Así por ejemplo, el temple de ese criado pícaro que corteja a Maritornes en la pág. 35:

Maritornes: No pretendas rebajarme a tu vileza. Porque yo soy doncella refinada a la que desgracias la han reducido a este estado.

Criado: ¡Si quisieras te reduciría a tantos estados!

Sembrado está el plantel de riquezas que el lector hallará como perlas, buceando. De ellas les traigo un manojo: la apología elegante de castidad, virginidad y casamiento entre clases diferentes en el idilio prometido entre Preciosa y Don Octavio; el manejo profesional de acotaciones, relevantes, frescas, con contenido; las referencias a dulcineas, melibeas  y galateas de mármol de la poesía del Siglo de Oro cuando Don Juan exclama (p.42): ¿se formó el cuerpo de vuesa merced con mármol en lugar de con huesos y con carne? ¿Tan sordos son vuestros oídos…?. ¿Acaso no sentimos en ello ecos de la égloga primera de Garcilaso en palabras de Salicio el pastor?: ¡Oh más dura que mármol a mis quejas, / y al encendido fuego en que me quemo / más helada que nieve, Galatea!

Deliciosa es la defensa que Cervantes ejecuta del honor de las letras comparándolo con el de la caballería y la milicia, con dejes del tópico renacentista de las Armas y las Letras, de san Agustín y de aquel hermoso Cap. XXXVIII del Quijote, aquel “Que trata del curioso discurso que hizo don Quijote de las armas y las letras". Se husmea en el acto II y reaparece en el Acto III.

Los treinta reales que el criado persigue obtener hallan resonancias con la traición de Judas y sus treinta monedas de plata. De la Biblia veremos también en el Acto III una oreja cortada, en pleno clímax. Salpicado todo ello de matices sanjuanistas en alusiones a la caza de cetrería, otro lugar común de aquel entorno: “Aunque vueles te daré alcance” (p. 47) que ya se encontraban claro, en el Cantar de los Cantares y que la traducción de Fray Luis trajo a nuevas riberas de pensamiento. Hay, en fin, respuestas que se enhebran de picaresca y quijotismo en boca de Maritornes: ¿Un guiso? A vuesa merced los golpes lo han tornado generoso. (p. 70).

Excelente y magistral es el dominio de la tensión dramática: el final del Acto II es una catarsis literal, hija de las de la dramaturgia griega. Todos los personajes salen vomitando intoxicados por el bálsamo de Fierabrás. Los que no han bebido salen corriendo a socorrer a los nauseabundos, de manera que en estampida la escena se desocupa, dejando una nota resonando en el vacío, con trasfondo goyesco, una nota discordante que promete y ansía un desenlace, que deja al lector expectante y en suspenso. Sospechamos aquí influencias dodecafónicas, y no resabios deconstructistas.

Es alquimia entonces lo que Herrero ha forjado en su fragua vulcánica (sic, de Vulcano): la cocción delicada de papel y sangre da a luz un nuevo género, una especie de collage de vida, literatura y arte, que a nada se parece, y si me apremian, podría comparar sólo a un Guénon,  a un Gustave Moreau tal vez. Porque el simbolismo de las figuras es apenas la dimensión  desde la cual se recortan para saltar de la página a nuestros ojos encandilados, en pleno movimiento. Es un teatro deudor del buen cine, con músicas escogidas con finura y retablos ornados con recato, ese que tienen los que tienen perfume de genialidad. Su conocimiento de los tópicos de la época hace que decorado, escena y diálogos, todo, respire como resucitado.

La deuda del afecto que el autor siente por el arte de caballerías queda bien saldada. El ariete rompedor de Lope de Vega, el candor de Tchéjov, la dulzura de Pushkin, el desencaje de Bertold Bretch, la originalidad de Valle-Inclán, la frescura de Ramón Gómez de la Serna, el postismo de Fernández Molina, el pánico de Arrabal, el absurdo de Pirandello, Ionesco y Beckett. Y aunque sea anatema, sabor shakesperiano… a la española. Entre lo épico y lo heroico fluctúa con soltura. Su talento lírico, mientras tanto, entre líneas, ruge como un Mihura. Podría convertirse en una ópera, en una naumaquia wagneriana.

Y por si todo esto fuera poco, el Tercer Acto nos brinda una sinfonía protagonizada por Cervantes ante Sancho y Quijote. Un diálogo entre creador y creado, y entre ambos el cuadro del Greco como un espejo multiplicador. Una myse en abyme gideana-carrolliana. Desbaratada la muñeca rusa, el personaje sale en defensa de su autor. También es lujosa de brocados, deslumbrante y digna de las Mil y una noches la escena del reencuentro de Zoraida con su maltrecho Don Juan.

A todo pone equilibrio y justicia Herrero, que da a los que no tenían, y a los que tenían sustrae, un autor anónimo y tranparente, diluido en cada detalle, entre el Fausto de Goethe y el Guillermo Tell de Schiller. Escribiendo el último verso de un poema que viene siglos escribiéndose.

El Perro, sabio y ajeno, cierra con aires de verosimilitud y guiños al lector esta obra sin par. El vestuario de Esther Martín encaja como hecho a medida. Pareciera que hubieran ambos, autor y diseñadora, asistido a una sola imaginación conjunta.

Admiro a Raúl en muchos aspectos. Siempre tuve especial predilección por su humor dramático, que a mi parecer, es donde su vis artística se muestra más original, más personal, más visceral y abigarrada. Nutrido de poesía y pintura, no podía menos que parir este Cervantes al cubo, cubista-realista más hipermoderno que posmoderno. Y sin excesos, con la mesura de quien lidia día a día con las letras, sus musas, sus duendes malditos y sus sogas.

En un laboratorio mágico con esos ingredientes-lecturas ha sido gestado, por eso tengo la certeza –si me permiten la veta visionaria-, o mejor la desfachatez, de afirmar que esto es apenas el principio de un iceberg de genialidad que los que le seguimos veníamos avistando. Bienvenidos al Nuevo Descubrimiento.

Es para mí un grato placer convidarles a esta Venta, convencida de que en ella encontrarán lo que precisan: solaz para el cuerpo, pimienta para la mente, licor para el alma.

Y ahora si me lo permiten, me ausento ávidamente a leer El despachito al que ya le adivino efluvios kafkianos, con una pizca de Camus y dos rodajas de Sartre...

Así nos las den todas.

 

Alicia Silvestre

 

 

1 comentario

Gandarías Ochoa -

http://www.amazon.es/Cervantes-perfil-venta-milagros-despachito/dp/8492759240